> 213: Derechos humanos: cuestión de Estado > El PRO y la ausencia de un discurso
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Edición Nro 213 - Marzo de 2017

Estado y DD.HH.

El PRO y la ausencia de un discurso

Por Martín Rodríguez*

os tres ciclos fuertes de la democracia colocaron en los derechos humanos sus gestos de mayor densidad simbólica. Raúl Alfonsín creó la CONADEP e impulsó el Juicio a las Juntas. Carlos Menem indultó a los comandantes y enterró a bombazos la rebelión de los últimos mohicanos del Partido Militar. Néstor Kirchner reabrió los juicios y recuperó la ESMA. Alfonsín retrocedió con leyes arrancadas a punta de pistola, Menem dejó abierta la hendija de enjuiciar las apropiaciones de bebés y Kirchner fue con todo, incluso incorporando una zona vedada: reivindicó las causas políticas de los desaparecidos. Si los derechos humanos reivindican lo universal de las víctimas (su humanidad), el kirchnerismo forzó ese límite hacia la particularidad de las víctimas, su condición de militantes, su identidad política.

De Mauricio Macri no se espera eso. Es el primer gobierno que asume sin ese peso encima. Los años, la justicia, los consensos le permiten una distancia prudencial e incluso cumplir tentativamente aquello que su sugestiva modernidad le dicta (“mirar el futuro y dejar el pasado atrás”). Macri puede no reivindicar la militancia, creer a los militantes de las organizaciones armadas locos, mesiánicos, equivocados, pero con el simple gesto de respetar el desempeño de los juicios y los protocolos públicos hacia las víctimas “alcanza”. Suponer que los derechos humanos incluyen la identificación con las víctimas es no entender la profundidad liberal del legado alfonsinista. No. Para quienes abonan una justicia que iguale terrorismos se puede decir que justamente la dictadura fue el máximo consenso y poder alcanzado contra las guerrillas de izquierda y toda forma de organización política. El “terrorismo de Estado” fue la cima y la tragedia de ese consenso punitivo.

El elenco de Cambiemos, con su supervisación rigurosa del discurso, pasó por alto la oportunidad de tener una síntesis. Cultores de una cierta “corrección política”, la comunicación del gobierno intenta amaestrar la lengua de sus funcionarios que parecen poco entrenados para el habla pública. Esto incluye, obviamente, a la figura del presidente.

Sin embargo, en derechos humanos son una máquina de trastabillar. El problema incluso no es lo que discuten (el número de desaparecidos, si fue una “guerra sucia”), sino la forma descontrolada de hacerlo. Funcionarios que se desbocan, funcionarios que desmienten a otros. Claudio Avruj callando a Juan José Gómez Centurión, Horacio Rodríguez Larreta chistando a Darío Lopérfido, Federico Pinedo sobreinterpretando a Macri. Y así. Esta sería la posibilidad interna de una corrección semántica del gobierno. La otra posibilidad es que en realidad se trate de algo más “orquestado”, donde en verdad lo que se intenta es deshacer el consenso de los derechos humanos. Frente a esa posibilidad, se me ocurre una sola respuesta: no pueden. No podrán pagar los intensos costos de hacerlo.

* Periodista.


© Le Monde diplomatique, edición Cono Sur


 
 
 
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