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Edición Nro 215 - Mayo de 2017


Buenos Aires, 19-3-98 (Daniel Luna/AFP)

Una radiografía del modelo económico

Rumbo claro, límites crecientes

Por Francisco J. Cantamutto y Martín Schorr*

El análisis frío de los datos confirma que el programa económico de apertura y desregulación beneficia a sectores como el agro, la minería y las finanzas, que generan pocos empleos y escaso derrame. Las crecientes movilizaciones sociales, que desaceleran este proceso, no consiguen sin embargo un cambio de rumbo. 

l gobierno de Cambiemos cumplió la tercera parte de su mandato constitucional. ¿Cuál es su modelo económico? Los datos oficiales permiten identificar un rumbo claro aunque no exento de contradicciones. No deben confundirse los titubeos y los pedidos de disculpas con una falta de orientación; ocurre que el rumbo elegido encuentra trabas sociales que, aunque le hacen modificar el ritmo, no consiguen cambiar la dirección. Tal como revelan las palabras del ministro Esteban Bullrich en la Academia Nacional de Educación, la estrategia del gobierno consiste en poner múltiples políticas en marcha para que las organizaciones sociales no puedan contestar a todas a la vez. De este modo, aun si una iniciativa específica encuentra escollos, el conjunto del programa avanza.

Los ejes centrales de este rumbo son la apertura y la desregulación de la economía, que producen un severo ajuste social. No se trata del abandono del rol regulatorio del Estado, sino de su orientación en un sentido específico a favor de intereses sectoriales bien concretos. Los últimos datos disponibles indican que en 2016 se produjo una recesión del 2% respecto del año anterior.

Pero no todos los sectores sufren igual. Por un lado, se destacan un puñado de rubros que resultan ampliamente favorecidos por la orientación de la política económica desplegada desde el inicio del nuevo gobierno: el sector agropecuario, la intermediación financiera, la explotación de minas y canteras y la prestación de servicios públicos (electricidad, gas, agua y transporte). La consolidación estructural de estas actividades contrasta con el retroceso experimentado por la construcción y la industria manufacturera (ver Cuadro 1). Se trata justamente de las actividades que más empleo generan (o, como sucede ahora, que más empleo destruyen). La desocupación informada (próxima al 8%) combina una importante destrucción de empleo privado con cierto “efecto desaliento” entre quienes buscan trabajo y ya no lo hacen, junto a la creación de puestos en el Estado, que evitó un deterioro aun mayor del índice.

Con la ventaja del tiempo transcurrido se puede inferir lo que significaba la “reinserción de Argentina en el mundo” que predicaba en campaña el actual gobierno. Se trata de un enfoque que resalta las ventajas comparativas estáticas, sesgando la producción hacia sectores con mayor productividad relativa a partir de la abundancia de recursos naturales, junto a ciertas actividades protegidas en el sector servicios. Este es el cuadro sectorial de ganadores y perdedores.

Apertura

La apertura de la economía ha reforzado una primarización de la canasta exportadora, que se visualiza, por ejemplo, en el hecho de que en 2016 la gran mayoría de las ventas externas disminuyeron, salvo unos pocos rubros primarios, como cereales, pescado, biodiesel, maní, cobre, tabaco, lanas, cueros y pieles.

Como muestra el Cuadro 2, el saldo global del comercio en los primeros 15 meses del gobierno arroja un déficit de 1.441 millones de dólares, empujado por el cuantioso desbalance en el intercambio de servicios (-11.484 millones). En cambio, el comercio de bienes mejoró por la caída de las importaciones. Ahora bien, en un contexto de retracción de las ventas y recesión, incluso el menor valor de las compras externas significó una auténtica oleada importadora destinada específicamente para el consumo, es decir, desvinculada de la creación de nueva capacidad productiva. Los datos son elocuentes: los únicos renglones que experimentaron un crecimiento de las importaciones fueron los bienes de consumo y los vehículos automotores (en muchos casos con un desplazamiento ostensible de producción nacional).

Este ingreso masivo de bienes del exterior no es novedoso. El empresariado que opera en el país conoce esta dinámica, característica de fases de apertura y apreciación cambiaria, y con relativa rapidez reemplaza la producción interna por la compra en el exterior para comercializar. El paso de producir a importar es parte de la dinámica habitual de este tipo de ciclos. Esto está ocurriendo con importantes segmentos de la industria, pero también con ciertas producciones primarias no extensivas: manzanas, peras o limones son apenas algunos ejemplos de estos cambios. Las llamadas “economías regionales” también se ven afectadas por la falta de reactivación, la apertura y el dólar barato.

Se produce así un fenómeno de reconversión productiva novedoso, que da nuevos sentidos a las tendencias de concentración y reprimarización. Sólo las actividades con mayores ventajas, incluso dentro del tradicional agro argentino, se perfilan como sobrevivientes, aunque incapaces de traccionar al conjunto de la economía o de generar empleo suficiente.

La falacia exportadora

¿Pueden las exportaciones, incluso primarizadas, sostener el modelo? Por la concurrencia de la crisis internacional, el deterioro en los términos de intercambio y cierta revitalización del proteccionismo, las transacciones comerciales con el mundo resultan insuficientes. De allí que el gobierno haya impulsado una acelerada carrera por captar fondos en el exterior, para lo cual los funcionarios se han esforzado por promover a Argentina en diversas rondas de negocios en foros multilaterales: dos visitas a Davos, una a Pekín y el reciente foro de Buenos Aires conocido como “mini Davos”, donde se dio un primer paso para un acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Alianza del Pacífico. También se realizará a fin de año la reunión ministerial de la Organización Mundial del Comercio en Buenos Aires, donde se espera negociar nuevas estructuras de gobernanza global a la luz del empantanamiento de los mega acuerdos regionales (TTP, TTIP, TISA).

Mientras tanto, el gobierno apura reformas que apuntan a modificar la legislación en sintonía con estos nuevos estándares normativos: la ley de iniciativa público-privada, la reforma de las ART o la (re)creación de espacios de acumulación privilegiados para sectores altamente concentrados son buenos indicadores de lo que se viene.

Sin embargo, la exposición de Argentina en la vidriera internacional aún no ha tentado a los inversores externos, que en lo que lleva de transcurrido el gobierno de Cambiemos ingresaron un neto de apenas 2.925 millones de dólares en concepto de inversiones, al tiempo que remitieron al exterior 3.345 millones por utilidades y dividendos. Es decir que, más allá de los mensajes de apoyo, retiraron más dinero del que ingresaron.

No alcanza con la empatía empresarial: el gobierno necesita mostrar señales de gobernabilidad que garanticen la famosa previsibilidad demandada por los inversores. Las marchas y contramarchas no parecen ayudar, como tampoco la inflación persistente, la recesión, la falta de perspectivas claras de mayores ganancias (salvo en ámbitos puntuales) y la creciente impugnación social al rumbo económico escogido.

Desde el estallido de la crisis mundial en 2008, la inversión directa se ha concentrado en los países desarrollados, orientada por un proceso intenso de fusiones y adquisiciones. Esto significa que no se está creando nueva capacidad productiva, lo que es lógico frente a la raquítica demanda global de los últimos años, sino que se concentra la propiedad de lo existente. También a escala planetaria la tendencia de la inversión ha sido dirigirse hacia servicios y bienes industriales, destinos que relegan relativamente a los países con recursos naturales como Argentina, castigados por los bajos precios internacionales. Apostar a la inversión extranjera en este contexto parece un timo o un caso flagrante de desinteligencia.

Bicicleta

Sin éxito en las inversiones productivas y el comercio, el gobierno apuesta al endeudamiento. Para esto ha realizado cuantiosas colocaciones de títulos y tomas de créditos con acreedores privados, alcanzando niveles récord en el mundo y pagando elevadas tasas de interés. Se trata de la única forma de balancear las cuentas externas y las fiscales, una necesidad del modelo que es facilitada por la presencia de funcionarios ligados a la banca en el gabinete.

En este punto la perdurabilidad del modelo en el largo plazo genera dudas. Como se observa en el Cuadro 2, durante el gobierno de Macri ingresaron al país 2.183 millones de dólares por inversiones de portafolio y 35.580 millones por préstamos financieros, al tiempo que los créditos suministrados por organismos multilaterales disminuyeron 1.977 millones. La mayor parte de la toma de deuda corresponde al sector público, que desplazó el uso de programas de crédito blando de unos pocos e identificables acreedores por deuda más cara con múltiples y desconocidos acreedores privados. La contraparte de este proceso ha sido que Argentina remitió al exterior un saldo neto de 13.608 millones de dólares en concepto de intereses.

Las dificultades para sostener este programa son evidentes. No hay grandes éxitos en la reducción de las tasas de interés abonadas ni mejoras en los plazos de maduración: a principios de este año se autorizó la emisión de más del 40% del total presupuestado para el año, colocando una parte de esos bonos a pocos meses. Las altas tasas de interés propician la aplicación financiera de los recursos, constriñendo la inversión productiva, fenómeno que la inversión en obra pública no ha podido contrarrestar. La afluencia de fondos para aprovechar esta auténtica timba financiera, junto al blanqueo, estimulada por criterios regulatorios nuevos y mucho más laxos, ha provocado una apreciación del tipo de cambio, que hace más difícil la supervivencia de las actividades económicas expuestas a la competencia, al tiempo que impulsa, entre otras cosas, la fuga de capitales, los viajes al exterior y la oleada importadora.

El problema es que la salida de divisas puede ser tanto o más precipitada que su ingreso, lo que ante la inexistencia de controles podría provocar una corrida cambiaria. Recordemos que en estos meses el gobierno ha hecho que el país financie la fuga de más de 17.000 millones de dólares. Sólo hace falta que no exista una corriente compensatoria de ingresos para que esta persistente salida de recursos provoque un verdadero cimbronazo, sin mencionar la insolvencia intertemporal que de por sí acarrea el aceleradísimo endeudamiento externo que se ha concretado.

Ganadores

Hasta el momento sólo algunos sectores medios han podido participar de los beneficios del modelo, mediante la importación de bienes de consumo, la posibilidad de realizar viajes al exterior y dolarizar sus ahorros. La estrategia del gobierno de cara a las elecciones ha sido hablarle centralmente a este segmento social, una minoría con la que busca una identificación intensa. La contracara fueron las masivas movilizaciones de los últimos tiempos: de los docentes, a pesar de amenazas de descuentos y represión, del sindicalismo, del movimiento de mujeres y de los trabajadores de la economía popular. En suma, diversas expresiones de descontento popular con las políticas actuales y un conjunto de herencias estructurales nunca resueltas, que no alcanzan representación partidaria pero que por momentos logran desacelerar el programa en curso y generan la necesidad de cierta redefinición táctica en aras de preservar los objetivos estratégicos (lo cual ha provocado críticas por parte de distintos segmentos del poder económico). En las últimas semanas la respuesta ante estas movilizaciones ha oscilado entre la estigmatización y la represión directa.

¿Cuán neoliberal es el gobierno de Cambiemos? A juzgar por las regresivas transferencias del ingreso que ha viabilizado la política económica y la restructuración productiva encaminada, el “ADN neoliberal” es evidente. Pero ello no debería oscurecer que, a diferencia de experiencias del pasado, en los 70 y los 90, los sectores dominantes locales no disponen (al menos en lo inmediato) de un mecanismo de disciplinamiento social eficaz como fueron, en su momento, la represión feroz sobre el campo popular o la existencia de una crisis socio-económica profunda. Esto, más la creciente impugnación social que se ha venido registrando, marca los límites del planteo desplegado desde la asunción de Macri: aunque el rumbo económico es claro, su viabilidad a futuro resulta incierta.

Cuadro 1. Participación de las distintas actividades económicas en el valor agregado bruto a precios corrientes, 2015-2016 (en porcentajes)

6-7-CUADRO1-Schorr-Final-2.jpg

Fuente: Elaboración propia en base a información del INDEC.

Cuadro 2. Principales renglones del balance cambiario, 2015-2016 y primeros 15 meses del gobierno de Cambiemos (en millones de dólares)

6-7-cuadro2-Schorr-Final-2.jpg

Fuente: Elaboración propia en base a información del BCRA.

* Investigadores IDAES/CONICET y miembros de la Sociedad de Economía Crítica.


© Le Monde diplomatique, edición Cono Sur


 
 
 
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