El estallido de diciembre destapó la olla a presión de ciudades y cordones urbanos y tuvo su impacto en los ahorros, los cajeros, los bonos, permitiendo una multiplicidad de “verdades”. Hoy su relato está condicionado por “lo que le pasó a cada uno”. De allí quizá provenga el éxito de una consigna tan genérica como el “que se vayan todos”.