
Hugo Chávez recibe al presidente iraní en el Palacio de Miraflores, 9-1-12 (Carlos Garcia Rawlins/Reuters)
A pesar de Washington
on el trasfondo de la exacerbación de la tensión internacional por las capturas por parte de Irán, en diciembre pasado, de un vehículo aéreo no tripulado (UAV, en inglés) y de un agente de inteligencia, ambos estadounidenses, por un ejercicio naval de Teherán y por la presencia militar de Washington en las inmediaciones del estrecho de Ormuz, así como por la amenaza iraní de cerrar esa vía por la que transita el 35% del petróleo que se exporta en buques cisterna en caso de ser atacado por EE.UU. y/o Israel, la gira latinoamericana del presidente Mahmud Ahmadinejad constituyó una suerte de éxito para Irán.
Tal logro quedó en claro ni bien se supo que, además de su visita a países afines en materia de política exterior –Venezuela, Nicaragua, Cuba y Ecuador–, el líder iraní se encontraba entre los 149 jefes de Estado invitados a la asunción del nuevo gobierno electo de Guatemala. Pero a pesar del interés que despertó en la prensa local, la representación iraní en el acto de investidura guatemalteco recayó en dos miembros de la comitiva de Ahmadinejad, el ministro de Energía Majid Namjoo y el director del área latinoamericana de la Cancillería iraní Kambiz Jalali. Entre las razones de la ausencia de Ahmadinejad se encuentra la nimiedad de la relación con Guatemala, donde está acreditado como concurrente el embajador iraní en México. No obstante, la decisión de Ahmadinejad de no viajar a Guatemala parece haber sido principalmente ideológica: que el presidente Otto Pérez Molina sea un general retirado, difícilmente un émulo de Jacobo Arbenz, pesó más que el sitio rotativo que su país ocupa en el Consejo de Seguridad.
Aun así, el hecho de haber sido esperado en más países que los visitados le habrá permitido sentir a Ahmadinejad que Irán está menos aislado que lo prescripto por Washington, desmintiendo a los analistas que sostienen que apostaba a “reforzar los escasos vínculos que tiene en el mundo”.
En realidad, el logro diplomático habría sido bastante menor si el gobierno y la oposición estadounidenses hubieran ninguneado su gira. Un ignorado toque de alerta de Victoria Nuland, vocera del Departamento de Estado estadounidense, proclamó que éste no era “el momento de profundizar los vínculos, ni los de seguridad ni los económicos, con Irán”. Palabras parecidas habían sido pronunciadas por la secretaria de Estado Hillary Clinton en diciembre de 2009 (1). Se repite entonces el mensaje pero en boca de una funcionaria de menor jerarquía.
Por su parte, el vitriolo de Ileana Ros-Lehtinen, presidenta de la Comisión de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes estadounidense, sólo sirvió para ilustrar los deficientes conocimientos sobre la realidad al sur del río Grande que tiene parte de la elite washingtoniana. La legisladora republicana buscó hacer titulares de prensa, aunque más no sea en su estado –Florida–, al referirse a la ruta de Ahmadinejad como la ruta de los “tiranos”. Distantes de la deferencia hacia Washington, y naturalmente hostiles para con la noción de que la región es su patio trasero, el grueso de los visitados eran, empero, gobernantes electos por sus respectivas mayorías.
Adicionalmente, el desoído llamado de Nuland para que los anfitriones de Ahmadinejad le recordaran que “el camino que ha tomado en su diálogo nuclear con la comunidad internacional es erróneo” se tradujo, en cambio, en declaraciones de apoyo al derecho de Irán, como signatario del Tratado de No Proliferación Nuclear, al desarrollo de la energía atómica con fines pacíficos. Para colmo, los interlocutores de Ahmadinejad hicieron oídos sordos a la advertencia del Centro Simon Wiesenthal, integrante del lobby proisraelí, de que se exponían a verse motejados como “cómplices” de su huésped en su problemático cuestionamiento de los alcances cuantitativos del genocidio nazi de los judíos y de su no menos provocadora recomendación de reubicar a Israel fuera de Medio Oriente.
Tamaña indiferencia no resultaría sorprendente si las declaraciones del presidente venezolano Hugo Chávez –para una cadena de televisión estadounidense– y del líder cubano Fidel Castro –a un importante mensuario neoyorquino– que ilustran su disenso con el mandatario iraní, por caso sobre ese genocidio, recibieran la misma publicidad que las incendiarias afirmaciones de Ahmadinejad.
Anticipándose a todo lo antedicho, Washington declaró persona no grata a Livia Acosta Noguera, consulesa general venezolana en Miami, acusada de participar en 2006 en un plan para que agentes iraníes y académicos mexicanos, entre otros, atacaran las computadoras de la Casa Blanca, de la CIA y de instalaciones nucleares y otros establecimientos. La medida estadounidense pareció apuntar más a Irán que a Venezuela: confirma que la República Islámica busca igualar, si no superar, la capacidad estadounidense-israelí en materia de guerra cibernética .
La expresión más reciente de esa lid sería la alegada interferencia iraní en el GPS del ya citado UAV al servicio exclusivo de la CIA, tras su invasión del espacio aéreo iraní. No es éste el primer UAV capturado por Irán; buena parte del resto fueron israelíes. No debe sorprender pues que la medida contra Acosta haya podido tener huellas hebreas: fue expulsada tras la exhibición en diciembre pasado de un documental sobre la amenaza iraní por la cadena mexicana Univisión, que desde 2004 es propiedad de un conjunto de inversores estadounidenses encabezados por el israelí Haim Saban, el mayor donante personal del Partido Demócrata y un fuerte soporte de la aspiración presidencial de Hillary Clinton, además de destacado organizador de donaciones para las fuerzas armadas israelíes (2).
Más allá de los acuerdos
En palabras de Chávez, el principal objetivo de esta gira era la presencia de Ahmadinejad en la asunción de Daniel Ortega, presidente reelecto de Nicaragua. En efecto, Reza Rahimi, vicepresidente primero de Irán, ya había estado en Cuba y Ecuador en septiembre pasado. Sin embargo, la importancia atribuida a Nicaragua resulta difícil de conciliar con el hecho de que la condonación de la deuda que Managua contrajo con Irán hace tres décadas –hoy 150 millones de dólares– aún no ha sido aprobada por el parlamento iraní, pese a que distintos informes indicaban que ése sería el regalo de Ahmadinejad a Ortega. Por lo tanto, Nicaragua seguirá siendo un país deudor de Irán, aun cuando esa cifra pertenece en los hechos a sus deudas incobrables.
Si bien la parada en Caracas fue bastante más que la escala técnica de un largo vuelo a Managua –reemplazaba una visita de Ahmadinejad prevista para septiembre de 2011 aplazada por el tratamiento médico de Chávez–, resulta imposible conocer lo acordado entre Ahmadinejad y su contraparte venezolana, o sus otros anfitriones, por la penalización a la que se exponen quienes ayuden a Teherán a burlar las sanciones impulsadas por EE.UU. En febrero de 2010, la UN Financial Task Force ingresó a Ecuador en la nómina de países que no cumplen con las medidas antilavado de fondos. Dista de ser casual, pues, que más allá de la firma de múltiples acuerdos no se anunciaran medidas concretas que puedan ayudar a Irán a sortear el bloqueo económico impulsado por Washington, o detalles específicos de otras medidas que atiendan necesidades diferentes del visitante.
Aun así, distintos medios de comunicación venezolanos ofrecieron una idea de ciertos ítems que podrían conformar la agenda de Ahmadinejad. Por ejemplo, los acuerdos bilaterales para crear en Venezuela fábricas de alimentos, cemento, bicicletas, tractores y otros productos. Por su parte, un editor senior de la World Politics Review (WPR) no excluyó posibles envíos a Irán de gasolina venezolana, como los dos realizados en 2010 (3), en tanto que Majid Namjoo, encargado de las comisiones económicas conjuntas con Ecuador y Nicaragua, vaticinó que la gira potenciará su comercio con la región. A contramano de esos reportes, Ros-Lehtinen especuló que las conversaciones –no sólo las de Caracas– estarían dirigidas a fraguar “tácticas para silenciar la libertad de expresión” y la opresión “al pueblo de esas naciones” (4).
Para hallarle algún asidero en la realidad a tan colorida afirmación, es necesario remitirse al inicio en diciembre pasado de las transmisiones de HispanTV, canal de televisión iraní en español. Seis meses antes, Ramin Mehmanparast, vocero de la Cancillería de la República Islámica, había comentado que HispanTV podía llegar a beneficiarse de la infraestructura de Telesur, así como a la red venezolana podía resultarle provechoso apoyarse en la cobertura meso-oriental de Press TV, equivalente iraní del canal qatarí Al-Jazeera. En ese sentido, tras su encuentro con Ahmadinejad, el presidente ecuatoriano Rafael Correa mencionó que Irán podía contar con su respaldo para que no se conozca “tan sólo la propaganda de países que persiguen determinados intereses, que tienen un doble estándar vergonzoso” (5). Salta a la vista, pues, la brecha que separa las ligeras declaraciones de Ros-Lehtinen –replicadas por otros analistas de pelaje político semejante al de la representante de la derecha republicana– de aquellas más verosímiles de Mehmanparast y Correa.
Soplan los vientos brasileños
El hecho de que Brasil, el principal socio comercial latinoamericano de Irán, no fuese parte del itinerario de Ahmadinejad fue retratado, acaso prematuramente, como parte de un enfriamiento de las relaciones. Según Marco Aurélio Garcia, asesor internacional de la presidenta Dilma Rousseff, Brasil no fue consultado por Irán y se abstuvo de invitarlo (6). De hecho, tal enfriamiento no se ve reflejado en el vínculo comercial. Las ventas brasileñas a Teherán treparon a 2.300 millones de dólares durante los primeros doce meses de la presidencia de Rousseff, un 10% más que en el año anterior. A su vez, fuentes iraníes subrayan que Rousseff prioriza la atención de problemas internos, no las relaciones internacionales; una interpretación inconciliable con el interés demostrado, por caso, en el respeto a los derechos humanos, particularmente de las mujeres, en Irán y en el mundo. De ahí quizás que el ya mencionado editor del WPR afirmara que fue Ahmadinejad quien decidió evitar Brasil.
Menos novedosa de lo que se supone, la preocupación por los derechos humanos ya era evidente durante la gestión del predecesor de Rousseff, Luiz Inácio Lula da Silva, quien intervino, por ejemplo, a favor de una iraní que corría el riesgo de ser lapidada por una acusación de infidelidad. Lula también disintió con Ahmadinejad al instarlo a abandonar la retórica negacionista del genocidio nazi, y los llamados a la desaparición de Israel. La diferencia, pues, entre Rousseff y Lula es la ocasión elegida por la Presidenta para expresar su preocupación por los derechos humanos. Fue en enero de 2011, recién inaugurada su gestión, en una rememoración del genocidio nazi. Así, la elección del asesor presidencial y viceministro del Interior Hashemi Samareh como enviado iraní para el acto de asunción de Rousseff, en vez de un funcionario de jerarquía más a tono con la importancia de las relaciones iraníes-brasileñas, reflejaba tal vez la conciencia existente en Teherán de cómo soplaba y soplaría el viento en Brasilia.
Es importante recordar que, durante la gestión de Lula, Brasil cerró asimismo importantes acuerdos militares y de seguridad con Israel (7) que, al igual que el comercio con Irán, inciden sobre su política exterior. En septiembre de 2011, la colaboración israelí con Embraer en sus aviones de entrenamiento Tucano y Super Tucano, así como en la modernización en Brasil de cazas F-5 estadounidenses, se vio acrecentada con la creación de Harpia Sistemas, empresa que habrá de fabricar UAV y simuladores. El 51% de su paquete accionario está en manos de Embraer, el resto pertenece a una subsidiaria brasileña de la Elbit israelí (8).
En un ámbito en el que por el momento se observa mayor continuidad que cambio, tampoco es casual que Rousseff haya recurrido a los principales actores en política exterior de su predecesor, su asesor Garcia y el ex canciller Celso Amorim. Al igual que Lula tras el rechazo de Barack Obama al acuerdo nuclear alcanzado por Brasil y Turquía con Irán (9), Rousseff tampoco busca hoy un rol mediador brasileño en Irán.
El tiempo permitirá despejar incógnitas en torno al supuesto distanciamiento brasileño respecto de Irán y su reorientación proisraelí. Por ahora, Brasil parece seguir a Argentina, priorizando la dimensión comercial de la relación con Irán, sin por ello aceptar la agenda estadounidense para Medio Oriente, como lo ilustra el liderazgo brasileño en el acuerdo de libre comercio Mercosur-Palestina celebrado en diciembre de 2011, otro hito en la marcha por un Estado palestino, que por ahora carece de la aprobación de Washington.
Con estos antecedentes, difícilmente sorprenda que una secuela impensada de la gira de Ahmadinejad sea la credibilidad obtenida por quienes han estado argumentando que Irán, potencia regional en Medio Oriente, dista de representar una amenaza de importancia para Estados Unidos en América Latina. No en vano distintas publicaciones que no simpatizan con la República Islámica han estado deflacionando los diagnósticos alarmistas (10). En suma, sería ocioso imaginar que la República Islámica pueda recibir de América Latina suficiente asistencia para paliar las consecuencias prácticas del ostracismo de inspiración estadounidense.
1. Ignacio Klich, “Medio Oriente en América del Sur”, Le Monde diplomatique, ed. Cono Sur, Buenos Aires, enero de 2010.
2. Stephanie N. Mehta, “The man with the golden gut”, Fortune, Nueva York, 1-5-07.
3. Richard Weitz, “Ahmadinejad’s Latin American tour highlights Iran’s isolation”, World Politics Review, 17-1-12 (www.worldpoliticsreview.com).
4. Belén Fernández, “Ahmadinejad contemplates Latin America caliphate”, Al-Jazeera, Doha, 12-1-12.
5. “Iran, to expand media cooperation”, Press TV, Teherán, 3-5-11; y Enrique Andrés Pretel, “Ahmadinejad regresa a Irán tras desafiante gira A. Latina”, Reuters, Quito, 14-1-12.
6. “Agenda de Ahmadinejad sin Brasil”, Voice of America, 10-1-12.
7. Ignacio Klich, “Posicionarse en Medio Oriente”, Le Monde diplomatique, ed. Cono Sur, enero de 2011.
8. Stephen Trimble, “Embraer, Elbit sign new teaming agreements”, Flight Global, Londres, 12-9-11.
9. I. Klich, “Irán firma un acuerdo con Brasil y Turquía”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, junio de 2010.
10. Richard Weitz, op. cit. e “Iran’s limitations in Latin America”, Stratfor, Austin, 13-1-12.
* Historiador, compilador (con Zidane Zeraoui) de Irán. Los retos de la República Islámica, Siglo XXI, Buenos Aires, 2011.