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Edición Nro 220 - Octubre de 2017


Venta ambulante, La Habana, 20-4-17 (Loló Arias / www.flickr.com/photos/luciaarias)

¿En qué anda la actualización del modelo cubano?

Las revoluciones de Raúl Castro

Por Renaud Lambert*

Raúl Castro anunció que abandonaría sus funciones en 2018. Su probable sucesor, el primer vicepresidente Miguel Díaz-Canel, deberá enfrentar un contexto marcado por la crisis en Venezuela –su socio principal–, la hostilidad de la administración Trump, las secuelas del huracán Irma y los desafíos que presenta la mutación de la economía.

utomóviles estadounidenses destartalados, fachadas ruinosas, estética anticuada: para la mayoría de los observadores, la vida cotidiana cubana refleja la obsolescencia de su retórica política. Comunista, la isla estaría aferrada al pasado. El olor a naftalina sólo se disiparía con una fumarola de parafina: con 86 años de edad, el presidente Raúl Castro suele iniciar sus discursos soplando una vela. “Los 55 años de la proclamación del carácter socialista de la Revolución”, durante la apertura del VII Congreso del Partido Comunista Cubano (PCC), el 16 de abril de 2016; “el 161° Aniversario del nacimiento de nuestro héroe nacional José Martí”, durante la inauguración del Puerto de Mariel, el 27 de enero de 2014; “los 55 años del triunfo de la Revolución”, durante el cierre de la 8° Legislatura de la Asamblea Nacional, el 21 de diciembre de 2013...

Si bien de la Plaza de la Revolución, en La Habana, a los inmensos carteles que marcan la entrada en la ciudad de Cienfuegos, los rostros de los héroes de Sierra Maestra parecen omnipresentes, se trata quizás menos de convocar a un pasado vivido que de dar forma a la actualidad. Aferrada, la isla lo está sin duda, pero al presente: el de una revolución siempre en disputa.

Alrededor de sesenta años después de su triunfo, queda por saber cómo los “barbudos” evaluarían la evolución del país por el cual dieron sus vidas. Un Ernesto “Che” Guevara resucitado ¿reconocería su tierra de acogida? La continuidad de la lucha ¿le impresionaría tanto como el cambio? Es algo que no podría asegurarse, ya que a un periodista que recorrió la isla en 2011 le es difícil encontrar sus marcas apenas seis años más tarde...

Innovaciones históricas

Museo de la Revolución, La Habana. Los salones del antiguo palacio presidencial relatan, año tras año, la gesta de una guerrilla con miles de giros: asalto al Cuartel Moncada, el 26 de julio de 1953; embarco a bordo del Granma, el 26 de noviembre de 1956; llegada triunfal de Fidel Castro a La Habana, el 8 de enero de 1959 (1)... De los relatos de batallas épicas a los conflictos larvados de la Guerra Fría, sólo una habitación está dedicada a las cuestiones económicas y sociales. Y encima está en refacciones: se invita a los visitantes a atravesarla rápidamente.

Es necesario cruzar la barrera de seguridad –con la autorización previa de una empleada a la que la osadía sacó de su letargo– para acercarse a uno de los carteles colocado, transversalmente, contra una pared. Allí se exhibe la portada de la edición del 16 de marzo de 1968 del Granma, el órgano oficial del PCC: “Vamos a sanear el aire, vamos a limpiar todo, vamos a crear un verdadero pueblo de trabajadores”, explicaba Fidel Castro, en letras mayúsculas. Más abajo, el diario detalla las medidas de la gran “ofensiva revolucionaria” que acababa de anunciar el dirigente: “Las autoridades proceden a la nacionalización de todos los comercios privados que quedaban en el país. [...] No sólo se expropiaron todos los bares privados, sino que todos los bares –incluyendo los del Estado– fueron cerrados”. “Debemos enseñarle al pueblo que lo único que puede permitirle gozar de los bienes que necesita, que puede enriquecerlo, es su trabajo, su sudor, su esfuerzo”, concluía Fidel.

A pocos pasos del patio trasero del museo donde, ese mes de abril, turistas agobiados por el calor contemplaban reliquias de la guerrilla, los mozos del Chachachá se menean al ritmo de un cover de Madonna: “Porque vivimos en un mundo materialista / Y soy una chica materialista...”. Este restaurante privado –un paladar– abrió hace aproximadamente dieciocho meses. Una decena de empleados sirven allí platos que cautivarían los paladares más delicados: filet mignon de cerdo envuelto en jamón serrano (aproximadamente 14 euros), pescado fresco grillado al ajo (aproximadamente 13 euros), langosta a la plancha (aproximadamente 19 euros). Aquí los precios se expresan en pesos convertibles (llamados CUC), una divisa inicialmente reservada al sector turístico, pero actualmente utilizada por todos. Junto a esta moneda “fuerte” atada al dólar circula otra: el peso tradicional, veinticinco veces más débil. Mientras el salario mínimo cubano está fijado en 225 pesos (aproximadamente 8 euros), saborear un mojito en el Chachachá cuesta 5 CUC (aproximadamente 4,50 euros).

En 2010, sólo había en La Habana un centenar de paladares; actualmente su número supera los dos mil. “Más de una decena de ellos registran sin duda un volumen de negocios superior al millón de dólares”, nos asegura un fino conocedor del sector hotelero que, al igual que muchos de nuestros interlocutores, parece considerar que la discreción es condición previa a la conversación (2).

¿La explicación de este cambio? La “actualización del socialismo cubano”, un proceso de reformas lanzado por Raúl Castro desde su llegada a la Presidencia (provisional en 2006, y luego tras las elecciones de 2008) y ratificado por el Congreso de 2011 (3). Proclamando seguir las huellas de su hermano mayor, Castro trabajó por la multiplicación de los “trabajadores autónomos”, actualmente invitados a participar en el muy solemne desfile del 1° de Mayo. Estos emprendedores independientes tropicales pueden ejercer uno de los 201 oficios autorizados, principalmente manuales: afinador de instrumentos musicales, albañil, encargado de alquiler de vestidos de fiesta, payaso, vendedor ambulante de productos agrícolas, paseador de perros, gastronómico... ¿Fidel Castro deseaba acabar con el sector privado? El número de cuentapropistas creció de aproximadamente 150.000 en 2010 a más de medio millón en 2016, y el sector privado (trabajadores autónomos y cooperativas) representa actualmente al 30% de la población activa (sobre un total de cinco millones de personas).

Los centros urbanos vibran con una actividad hasta entonces inusual. La Habana descubre sus primeros (pequeños) embotellamientos, especialmente en el Malecón, su célebre paseo marítimo. Lejos de la capital, el tránsito se torna a veces también complicado. La calle principal de Cárdenas, más al este, parece un hormiguero donde bicitaxis y carretas se disputan los carriles de asfalto que se extienden en medio de los baches. En Trinidad, al borde del Caribe, el número de restaurantes se multiplicó por nueve desde 2010. No hay una planta baja del centro de la ciudad donde no se venda algo: recuerdos fabricados en cuero, otros de madera, baratijas, estatuas de indios siux (!), pinturas que se parecen mucho unas a otras... Y, siempre, la efigie del Che: en tazas, gorras, remeras, ceniceros. “Con Raúl, el país cambió más que en cincuenta años de revolución”, concluyen al unísono las personas con las que dialogamos. Ya que la “actualización” no se limita a los cuentapropistas.

Sobre los árboles que rodean el Paseo del Prado, una avenida umbría del centro de la capital, pequeños carteles llaman la atención: “En venta, casa de dos pisos, libre: lista para instalarse, 25.000 dólares”, “En venta, departamento capitalista, centro de La Habana, 18.000 dólares”. Desde 2011, los cubanos pueden comprar y vender viviendas, incluso “capitalistas”, es decir, construidas antes de la revolución (“garantía de calidad”, nos explican). Tal como los oficios autorizados actualmente, que ya se ejercían discretamente antes de 2011, el mercado inmobiliario no es algo reciente. Actualmente es legal y está controlado: sólo los residentes pueden obtener un título de propiedad. En Cuba, sin embargo, las reglas son estrictas, pero la gente es flexible.

“¿Dónde podría encontrar a un agente inmobiliario?”, preguntamos bajo el calor primaveral al acercarnos a un pequeño grupo que se formó alrededor de un árbol. “Yo me dedico a eso”, nos responde una joven extendiéndonos su tarjeta: la profesión figura en el puesto 148 de las recientemente autorizadas. En un pequeño cuaderno escolar doblado, anota las propuestas de compra y venta de las personas que van a su encuentro ese domingo por la tarde. El pedido de un extranjero deseoso de adquirir un bien no la sorprende. Dispone además de una solución fácil para la dificultad que se le presenta: “Te casas con una cubana, ¡eso es todo!”. ¿El costo de la operación? “Aproximadamente 2.500 dólares”. Para que rinda sus frutos en materia de propiedad inmueble, la unión debe durar cinco años. “Pero, precisa nuestra corredora, la joven que voy a presentarte será tan bonita que no querrás dejarla”.

“¿2.500 dólares? Se burló de vos”, se divierte Fernando, artista, con una risa profunda que hace vibrar su barriga. “¡La mayoría de la gente se casaría gratis! ¿Tienes idea del dinero que se puede hacer con una doble nacionalidad?”. En octubre de 2012, La Habana levantó las restricciones a los viajes de sus residentes en el extranjero (4). Los cubanos que gozan de una doble nacionalidad pueden actualmente prescindir de una visa para ir y venir entre Francia, por ejemplo, y la isla, con las valijas cargadas de bienes de consumo que revenden a precio de oro al regresar. “Hay un montón de personas que sólo viven de eso –nos explica Fernando–. Y de manera muy confortable además”.

Tras el acercamiento diplomático entre Washington y La Habana iniciado por Raúl Castro y Barack Obama a partir de 2015 (5), la sucesión de “innovaciones históricas” es vertiginosa: primer concierto de los Rolling Stones; primer rodaje de una película hollywoodense de alto presupuesto (Fast & Furious 8); construcción del primer hotel 5 estrellas “Plus”; primer desfile de moda (organizado por Channel y Karl Lagerfeld); primera reserva de habitación realizada a través del sitio Airbnb, actualmente operativo en la isla; primera llegada de un crucero estadounidense desde 1959. En 1961, los revolucionarios rechazaban la invasión de mercenarios financiados por Washington en Bahía de Cochinos. En 2017, la revista How to Spend It concluía que el “monumental año 2016” había transmitido un mensaje: “La invasión gringa comenzó oficialmente” (6).

El lucrativo negocio del turismo

El año pasado, la isla recibió cuatro millones de turistas, un récord que ubica al sector en el tercer puesto de sus fuentes de divisas (detrás de la venta de servicios, especialmente los servicios médicos, y los envíos de dinero). Mientras que la actividad crece del 5% al 10% desde hace veinte años, 2016 se caracterizó por una explosión del número de viajeros provenientes de Estados Unidos: 615.000 en total (329.000 de los cuales eran cubano-estadounidenses), una cifra un 74% mayor con respecto a 2015. El año 2017 podría caracterizarse por un retroceso: Donald Trump prometió dar marcha atrás con ciertas medidas de apertura de su predecesor, y el huracán Irma devastó parte de la infraestructura de la costa norte en el mes de septiembre. Pero los turistas ¿se mostrarán durante mucho tiempo indiferentes a los placeres que les promete la isla?

“La calidad de la experiencia que uno puede vivir en Cuba es de primer nivel”, explica un especialista del sector a la periodista de How to Spend It. Ya que nada es más agradable para los turistas refinados que combinar playas paradisíacas con contenido cultural. Y, en este terreno, la Revolución trabajó para cautivar a sus futuros huéspedes: “Si a uno le interesa el afrocentrismo, podrá encontrar a un historiador respetado, a un distinguido representante de la escena hip-hop o a un militante de la causa de las mujeres negras en los barrios populares. [...] Especialistas estadounidenses piensan incluso en
experiencias LGBT profundas, como una cena con el primer miembro transexual de la Asamblea”. Por su parte, la agencia de viajes OnCuba Travel nos anuncia el próximo lanzamiento del Free-Market Havana Tour, una visita guiada a todo lo que la ciudad esconde en homenajes al dios Mercado (diversas manifestaciones de la supervivencia erigidas en encarnación del “espíritu empresarial”; tiendas de lujo; centros de negocios...).

Los límites de las reformas

Unos meses antes del Congreso de 2011, José Azel, investigador de la Universidad de Miami, se mostraba dubitativo en cuanto a las reformas anunciadas por Raúl Castro: “Está claro que pocas cosas van a cambiar” (7). Uno se vería tentado a contradecirlo. Y sin embargo...

“Raúl hizo muchas cosas, pero desde la visita de Obama en marzo de 2016, se observa lo contrario a lo que todos esperaban: como un congelamiento del proceso de acercamiento, de un lado y del otro del estrecho de Florida”. El economista que nos recibe era conocido por ser escuchado por el presidente en 2011; algunos llegaban incluso a presentarlo como uno de los inspiradores de la apertura económica. Cinco años más tarde, Omar Everleny Pérez fue expulsado del Centro de Estudios de Economía de la Universidad de La Habana por sus continuas discusiones con los periodistas extranjeros. Su expulsión refleja sobre todo la capacidad recobrada por los opositores a las reformas de Raúl Castro –en el seno del aparato de Estado– para poner trabas a sus objetivos, ya que el contexto general se degradó.

“Obama tendría que haber ido más lejos –continúa Pérez–. Si hubiera avanzado más, más difícil habría sido para Trump dar marcha atrás”. Si bien la llegada a la Casa Blanca del millonario neoyorquino no augura una mejora para Cuba, las dificultades de la isla se acumulaban en el frente interno antes incluso del paso de Irma. En el plano económico especialmente: en 2016, el país sufrió una recesión (-0,9%), la primera desde el “período especial en tiempo de paz” que sucedió al desmoronamiento del bloque soviético y provocó una caída del 35% del producto interno bruto (PIB) entre 1991 y 1994. “Es la historia de una muerte anunciada: era de esperar que nuestra dependencia respecto de Venezuela tendría consecuencias en caso de problemas allá”.

Caída del precio del petróleo, crisis política interminable: la producción de riqueza venezolana se redujo una quinta parte en 2016, mientras que la inflación superó el 700%. Caracas le vendía a Cuba hasta hace muy poco cien mil barriles de petróleo diarios a precio subsidiado; estos envíos se redujeron un 40% en 2016. Es necesario pues ahorrar energía: algunas oficinas del gobierno cierran más temprano y abren las ventanas en lugar de encender el aire acondicionado, el alumbrado público es (aún) menos frecuente. “Todos los gastos no esenciales deben cesar”, advirtió Raúl Castro en julio de 2016. Y más aun cuando el único sector económico en crecimiento, el turismo, se caracteriza por su voracidad energética: conversar con “un militante de la causa de las mujeres negras en los barrios populares” está muy bien, pero si la discusión es arrullada por el ronroneo de un ventilador ¡y acompañada de un mojito bien frío!

Venezuela constituye además el principal destino de los servicios que exporta La Habana, especialmente sus médicos (treinta mil en 2016). En 2014, el economista Carmelo Mesa-Lago concluía que “el valor combinado de la relación económica [de Cuba] con Venezuela” rondaba el 21% del PIB cubano (8). Otras estimaciones ubican actualmente la cifra en un 25%. Si bien Brasil recibe a poco más de cuatro mil médicos cubanos, la diversificación de los “mercados” se presenta delicada. Sin sorprender verdaderamente, la oposición venezolana proclamó su deseo de romper con la isla, denunciando al presidente Nicolás Maduro como un títere de La Habana.

“Todo eso, se sabía –agrega Pérez–. Es justamente una de las razones por las cuales había que avanzar con las reformas. Pero Raúl se detuvo en medio del vado. Las medidas iniciales que impulsó requerían de otras para lograr sus frutos. Pero no: se lleva a cabo con cuentagotas, y surgen nuevos problemas”. Como la escasez y los fenómenos de acaparamiento.

Si bien actualmente es legal abrir un restaurante o vender pizzas en la calle, el Estado no previó una cadena de aprovisionamiento específica para el sector de la gastronomía. Los paladares vacían pues tiendas y mercados. Las consecuencias de un contexto de tensión de este tipo se conocen: suba de precios, lo que obliga a algunos cubanos a ajustarse (más) el cinturón; especulación, ya que actualmente se gana más vendiendo huevos que trabajando como maestro, y escasez, como en agosto de 2014 o en abril de 2016, cuando se había vuelto complicado encontrar cerveza en la isla.

Es la tercera vez que suena el teléfono de Pérez. El economista termina atendiendo. La conversación es rápida. Deja su aparato sacudiendo la cabeza, con el rostro contrariado: “Trabajo con un tipo joven, brillante. Nos ponemos de acuerdo sobre los plazos de los trabajos que debe entregarme y siempre ocurre lo mismo: no se cumplen. Su especialidad es la econometría, pero se gana la vida alquilando habitaciones a turistas. Entonces trato de recuperarlo, de lograr que no abandone la economía. Pero con frecuencia me llama: ‘Escucha, lo siento, tengo una pareja de estadounidenses que llega esta noche. ¿Se puede extender el plazo?’. Me molesta, pero me río. Para el país, es una pérdida considerable”.

La intromisión del mercado

Nadie imaginaría vivir sólo de su salario en Cuba. Si bien el paladar Chachachá tiene precios a medida de los turistas, el mojito cuesta 1 CUC en los barrios populares de La Habana, es decir, la octava parte del salario mínimo mensual... Todos deben pues “arreglárselas” imaginando las estrategias más diversas (9) o acercándose a sectores de actividad más lucrativos: son numerosos los ingenieros que trabajan como mozos o que emigran, mientras que el país destina aproximadamente el 25% de su presupuesto a la educación.

Aumentar los salarios figura entre las prioridades anunciadas por el presidente. Elevar las remuneraciones sin incrementar la producción de bienes y servicios conduciría sin embargo a aumentar la inflación. Por otra parte, Cuba constituye un cóctel singular de servicios sociales dignos de los países más avanzados y de una productividad que la relega al rango de país en desarrollo. Aumentar la segunda para “salvar” a los primeros –el proyecto anunciado por Castro– implica recortar el número de empleados del Estado invitando a los cubanos a volcarse hacia el sector privado. Ahora bien, algunos dirigentes del PCC identifican al sector como uno de los enemigos jurados de la Revolución.

“El problema principal es la rigidez ideológica de una parte del poder –concluye Pérez–. El país está en recesión, pero su principal preocupación es que la gente pueda construirse un patrimonio. Tal como dice el economista Pedro Monreal, mientras que la mayoría de los países luchan contra la pobreza, ¡Cuba lucha contra la riqueza!”. El texto programático del Congreso de 2016, los lineamientos, se caracteriza por cierto endurecimiento con respecto al anterior. “En el seno de las nuevas formas de gestión no estatales, no se permitirá la concentración de la propiedad por parte de personas jurídicas o físicas”, proclamaba el documento de 2011. El siguiente fue más allá, prohibiendo también la “concentración de riqueza”. Durante la sesión extraordinaria de la Asamblea Nacional de junio de 2017, dedicada a la discusión de esos lineamientos, el tema más discutido fue –por lejos– la “amenaza” de la acumulación.

¿Se trata sin embargo únicamente de una manifestación del monolitismo ideológico cubano? De la autorización de las remuneraciones basadas en la productividad al incremento de las sumas que los cubano-estadounidenses pueden enviar a sus familiares, el período actual se traduce en un incremento de las desigualdades asumido por el presidente. Raúl Castro reformula así a su modo los clásicos de la teoría socialista: “De cada cual según sus capacidades; a cada cual según sus necesidades” muta en “De cada cual según sus capacidades; a cada cual según su trabajo”, durante un discurso ante el PCC, el 17 de abril de 2016. Ahora bien, en Cuba como en otras partes, el trabajo no lo explica todo. Entre el 70% y el 80% de los cuentapropistas lanzaron su “negocio” gracias al envío de dinero de sus familiares exiliados en Miami: provienen, en general, de las familias más favorecidas, preocupadas por el proyecto socialista. De modo que la pequeña patronal emergente proviene de las franjas más hostiles al proyecto político de la Revolución. No suelen ser de piel negra.

“Aquí hubo pequeños y medianos empresarios hasta la ofensiva revolucionaria del 13 de marzo de 1968 –recuerda Rafael Hernández, director de la revista Temas, que acaba de dedicar un número a la cuestión de las desigualdades–. Entre el 1° de enero de 1959 y esa fecha nadie había imaginado decir –ni Fidel ni el Che– que el sector privado constituía una ‘clase burguesa’ ajena a la Revolución. Lo que Raúl hizo fue reafirmar la idea según la cual el sector privado no es una célula maligna del capitalismo que habría penetrado la sociedad cubana. Después de legalizarla, hizo que la actividad cuentapropista se tornara legítima”.

Sin embargo, en un contexto en el que los cubanos no pueden hacer valer sus competencias técnicas o científicas, se ven enfrentados a lo que la ley del mercado ofrece sin duda con mayor violencia. “¿Si el dueño trabaja aquí?”. La moza de este gran paladar de Trinidad recibe nuestra pregunta con una carcajada. “¡Ah no!, el dueño no está, ¡descansa! Y mejor, porque cuando viene es únicamente para dar órdenes”. ¿Y sus horarios?, preguntamos. La joven mira hacia el cielo...

“¿El sector privado se desarrolla respetando la ley, en especial el derecho laboral? –continúa Hernández–. Ése es un problema. Si ustedes conversan con una persona que trabaja en un paladar, es muy posible que explique que el dueño le pida trabajar más de ocho horas, que la regla de igual salario por igual trabajo no se respeta, que al dueño no le gusta mucho contratar a negros, etc.”. ¿La solución? “Hacer que se respete nuestro Código Laboral, pero sin asfixiar al sector privado con controles intempestivos. ¡Como se hace en Francia, por ejemplo!”.

Desde luego, pero cuando el sector privado crece, termina construyendo un poder que le abre las puertas del mundo político. De manera tal que en Francia la definición de lo que constituye un “control intempestivo” en los pasillos del Elíseo se parece más a la de la patronal que a la de los sindicatos. “Compartimos esta preocupación –concede Hernández–. Pero las circunstancias en Cuba son muy diferentes. No creo que exista actualmente un solo miembro del sector privado capaz de influir en las autoridades políticas. Lo que no significa que eso no represente un problema en el futuro”.

Dos lógicas se enfrentan pues en la isla. Ingeniero en física nuclear y chofer de taxi, Javier resume la primera en estos términos: “Ayer era la URSS la que financiaba nuestras conquistas socialistas. Hoy son los turistas y los pequeños empresarios: es necesario pues un poco más de mercado para salvar nuestra Revolución”. A este análisis, también defendido por Raúl Castro, se opone otro que reúne a los miembros más ortodoxos del PCC y... a los anticastristas. Para ellos, la introducción de una dosis de capitalismo no tendrá como principal efecto consolidar el socialismo cubano, por el contrario. Haciendo uso de la palabra ante un auditorio de patrones deseosos de invertir en la isla, María Contreras-Sweet, que representaba al gobierno de Obama, no tuvo ningún reparo diplomático: “Lo que ustedes deben exportar son los valores estadounidenses y el sentido del capitalismo” (10).

Entonces, ¿cuál sería la posición de los héroes de Sierra Maestra: ortodoxia o reforma? Tal vez considerarían vana la cuestión, recordando junto con el periodista Fernando Ravsberg que “el socialismo a la soviética nunca constituyó un proyecto político en Cuba: se trataba de una forma de salvar la Revolución, concebida ante todo como un proyecto de independencia nacional. En estas condiciones, socialismo o no, la lucha continúa”.

1. Para una cronología completa, consultar Manière de voir, N° 155, “Cuba, ouragan sur le siècle”.

2. Decidimos pues no mencionar aquí los apellidos. Los nombres fueron modificados.

3. Véase “Cuba, los frijoles y la reforma”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, abril de 2011.

4. Salvo para algunas profesiones consideradas estratégicas, como la medicina.

5. Véase Patrick Howlett-Martin, “¿Deshielo en el trópico?”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, noviembre de 2014.

6. Lydia Bell, “Cuba’s travel revolution”, How to Spend It?, Londres, 10-1-17.

7. José Azel, “So much for Cuban economic reform”, The Wall Street Journal, Nueva York, 11-1-11.

8. Carmelo Mesa-Lago, “La reforma de la economía cubana: secuencia y ritmo”, Estudios de Política Exterior, N° 161, Madrid, septiembre-octubre de 2014.

9. “Cuba, los frijoles y la reforma”, op. cit.

10. Lucie Robequain, “Comment l’Amérique compte envahir Cuba”, Les Échos, París, 5-5-15.

* Jefe de Redacción Adjunto de Le Monde diplomatique, París.


Traducción: Gustavo Recalde


 
 
 
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