EXPLORADOR BRASIL

Lula, el hijo de Brasil

Por Luciana Rabinovich*

Luiz Inácio Lula da Silva nació el 27 de octubre de 1945 en Garanhuns, municipio del Estado de Pernambuco, en el nordeste de Brasil. A los siete años emigró junto con su madre, Doña Lindu, y sus siete hermanos a la ciudad de Guarujá, en el Estado de San Pablo, para escapar de la extrema pobreza en que vivían. A los 15, obtuvo el diploma que le permitió convertirse en tornero mecánico. Inspirado por su hermano Frei Chico, en 1968 comenzó a interesarse por la política y llegó a ser presidente del sindicato metalúrgico dos veces: en 1975 y nuevamente en 1978, llegando a representar a 100 mil trabajadores.

En marzo de 1979 tuvo lugar un paro con ocupación del estadio de Vila Euclides, en São Bernardo do Campo. Con 80 mil metalúrgicos reunidos, y ningún micrófono, Lula se las ingenió para hacerse oír. Según retrata el film de Fábio Barreto, Lula, el hijo de Brasil (2009), Lula comenzó a hablar, pidiendo a quienes estaban más cerca de él que repitieran sus palabras a sus compañeros de atrás. Así, una ola de voces entusiastas se fue propagando por el estadio, logrando que todos oyeran, y que cada uno se apropiara de las palabras del dirigente, haciendo suyas aquellas reivindicaciones. Sin duda, todo un modo de hacer y entender la política…
En este clima de intensa movilización, frente a una dictadura que ya mostraba síntomas de decadencia, a comienzos de 1980 Lula ayudó a crear, junto con un grupo de intelectuales y católicos de izquierda, el Partido de los Trabajadores (PT).

Unos años después, en 1986, se convirtió en el diputado federal más votado del país. A partir de ese momento, comenzó el lento pero firme camino a la Presidencia. Tres veces se presentó como candidato… La cuarta fue la vencida. Con un cambio de estrategia, Lula adoptó un discurso más moderado que en su época de dirigente sindical, pero siempre apoyándose en la necesidad de un cambio para su país, supeditando lo económico a lo social. “Mi objetivo es que, cuando termine mi mandato, todos los brasileños coman tres veces por día”, sostuvo durante la campaña. Lula resultó vencedor en 2002, con un 63% de los votos en la segunda vuelta.
En su carta al pueblo brasilero, de junio de ese año, afirmaba, frente a los serios problemas económicos que aquejaban al país: “Nadie tiene que enseñarme la importancia del control de la inflación. Inicié mi vida sindical indignado por la corrosión del poder de compra de los salarios de los trabajadores. Ahora quiero reafirmar ese compromiso histórico con el combate contra la inflación, pero acompañado de crecimiento, generación de empleo y distribución de la renta, construyendo un país más solidario y fraterno, un Brasil de todos”.

Lula terminó su mandato con un 87% de aprobación, llegando a ser uno de los presidentes más populares de la historia del país, y uno de los políticos más respetados del mundo. Quién hubiera imaginado que ese niño que vendía naranjas y tapioca en la calle terminaría en la tapa de la revista Time como el líder más influyente del mundo o elegido por el Financial Times como uno de los grandes protagonistas de la primera década del incierto siglo XXI.


Este artículo forma parte de Explorador Brasil

Avances y contrastes

El siglo XXI se presenta promisorio. Brasil vive un asombroso crecimiento económico y es uno de los protagonistas en el nuevo orden internacional. Pero las desigualdades y el atraso social le impiden ser un país verdaderamente rico: económica, social y culturalmente.

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* © Le Monde diplomatique, edición Cono Sur

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