¿Para liberar a una sociedad alcanza con darle acceso a internet? La sublevación egipcia es ideal para analizar la validez de esta sentencia. Paradójicamente, el auge de la movilización se produjo cuando se interrumpieron las comunicaciones.
Lucas Bambozzi, Mobile Crash (Gentileza Fundación Telefónica)
esde enero de 2011, el planeta sigue el desarrollo de la revolución egipcia por interpósitas pantallas. La sublevación se transmitió en directo, como si cámaras, tweets y páginas de Facebook hubieran captado un thriller político que ponía en escena a millones de actores. Enarbolando sus pancartas, estos últimos organizaron, en respuesta, concentraciones destinadas a alertar a los medios de comunicación y, a través de ellos, a la “comunidad internacional”. ¿Debería asombrarnos que Wael Ghonim, un joven ejecutivo de Google brevemente encarcelado durante las manifestaciones, haya extraído esta moraleja: “Para liberar a una sociedad, basta con darle acceso a internet” (1)? Los acontecimientos egipcios ofrecen un terreno de estudio inigualable para verificar la validez de esta sentencia. En efecto, una decisión de Hosni Mubarak, cuando aún estaba en el poder, constituyó una experiencia de tamaño natural para evaluar el peso político de los medios sociales. La mañana del 28 de enero de 2011, las autoridades del país decretaron la interrupción total de las comunicaciones en internet y de las redes de telefonía móvil. Desde ese preciso momento, la movilización popular realmente despegó. La plaza Tahrir ya estaba cubierta de gente, pero se produjeron manifestaciones en otras ciudades, como Alejandría y Suez. En El Cairo, nuestro análisis de los distintos lugares de reunión durante los dieciocho días de la sublevación pone de manifiesto un crecimiento marcado y repentino de su dispersión espacial (2); de un lugar único de concentración los días 25, 26 y 27 de enero de 2011 (la plaza Tahrir), se pasa a ocho el 28 de enero. Ese día, al caer la noche, la multiplicación de los focos de protesta dificulta la tarea de las fuerzas del orden (3). Hacia las 19 horas, éstas piden refuerzos al Ejército, pero éste se niega a intervenir. Días después, se derrumba el régimen de Mubarak, en el poder desde hace treinta años.
Nuevos vínculos
El argumento según el cual las redes sociales juegan un papel de incitación a la rebelión se basa en general sobre un presupuesto: las movilizaciones dependen de la disponibilidad de información reveladora de una verdad hasta entonces disimulada. Es decir que los medios digitales participarían en la toma de conciencia de la población. En el caso egipcio, habrían echado luz sobre la magnitud de la opresión, llevando a algunas personas recién informadas a pasar a la acción. No obstante, las comunicaciones verdaderamente sediciosas permanecen invisibles en la mayoría de los casos. Cuando no es así, la elite en el poder las detecta y, por lo general, las prohíbe de inmediato. Por otra parte, la información “revolucionaria” no siempre es fiable. Por ejemplo, fueron falsos rumores respecto a la muerte violenta de un estudiante de 19 años los que encendieron la mecha durante la Revolución de Terciopelo en Praga (4). Asimismo, la caída del Muro de Berlín se debió –al menos en parte– a una declaración engañosa durante una conferencia de prensa difundida por las ondas de la televisión de Alemania del Este, que incitó a los manifestantes a pasar libremente hacia Berlín Occidental (5). O sea que en período de agitación popular, la exageración y la falta de información pueden evidenciarse más eficaces que la descripción minuciosa de los excesos del poder. Los medios de comunicación sociales favorecen la movilización política, pero no porque participen en la emergencia de la verdad. La propaganda estatal centralizada suele considerarse un “opio del pueblo”. Más sutilmente, los nuevos medios de comunicación sociales pueden también desalentar la toma de riesgo colectiva. No es tanto el control y la vigilancia que el poder ejerce sobre los individuos sino su visibilidad a los ojos de los otros lo que garantiza el mantenimiento del orden. Es decir que el statu quo no necesariamente resulta de una efectiva coerción, sino de la certeza de que ésta tiene lugar. Cuando ese saber común desaparece, la población está en condiciones de forjarse una idea del riesgo independiente del Estado. Así pues, en el seno de un grupo compuesto por una mayoría opuesta a la toma de riesgo y una minoría radical, un mayor intercambio de información –incluso no censurada– entre la mayoría no necesariamente intensifica la movilización. En cambio, la interrupción de los medios de comunicación habituales resquebraja la unidad de los grupos de ciudadanos opuestos a la toma de riesgo. Se forman nuevos vínculos, que otorgan más peso a los radicales, ofreciéndoles nuevas posibilidades de organizar a las personas movilizadas y descentralizar las manifestaciones, lo cual complica el trabajo de las fuerzas del orden.
Descentralización de la rebelión
En El Cairo, el 28 de enero de 2011, el bloqueo de los medios de comunicación por parte del régimen obligó a los egipcios a encontrar nuevas maneras de propagar, de recolectar y tal vez incluso de producir la información. Un ejemplo: las personas preocupadas por sus allegados no tuvieron más remedio que salir en busca de noticias. Al hacerlo, engrosaron las filas de la multitud en las calles. En pleno auge de los enfrentamientos en la ciudad, muchos centros locales –plazas públicas, inmuebles estratégicos, mezquitas– se transformaron en otros tantos puntos de encuentro. El 28 de enero de 2011, el blog The Lede, alojado por el sitio del diario estadounidense The New York Times, informaba desde Alejandría: “Es evidente que el despliegue policial en Egipto ya no es capaz de controlar a las multitudes. ‘Hay demasiadas manifestaciones en demasiados lugares distintos’, dice Peter Bouckaert, director de urgencias de Human Rights Watch, que observaba ese viernes la batalla en las calles de Alejandría” (6). Los días siguientes, pese al debilitamiento del régimen y al crecimiento de la multitud en la plaza Tahrir, el restablecimiento de las redes de comunicación no produjo un nuevo aumento de la dispersión de las manifestaciones. Es posible entonces estimar que su interrupción participa en la explicación de ese fenómeno: el gobierno egipcio se privó de un medio de intimidación eficaz, de la posibilidad de insinuar que la movilización sería duramente reprimida. La información sobre la posibilidad de tal represión no pudo proliferar en las redes sociales y disuadir a los manifestantes. La alteración de las comunicaciones en internet y de la telefonía móvil el 28 de enero de 2011 habría pues exacerbado la agitación popular de tres maneras distintas: permitiendo la movilización de ciudadanos que hasta ese momento no seguían particularmente los acontecimientos ni se preocupaban demasiado por ellos; reforzando los contactos “de carne y hueso”, que favorecieron la apropiación del espacio público; y, por último, conduciendo a la descentralización de los lugares de rebelión, mediante tácticas comunicacionales híbridas, que produjeron un engorro mucho más difícil de controlar que la exclusiva concentración en la plaza Tahrir. Un proceso similar parece haber ocurrido en Damasco, el 3 de junio de 2011. Tras varias semanas de represión violenta, el gobierno sirio decidió utilizar la misma táctica que el régimen de Mubarak. El viernes 3 de junio, se cortó internet en todo el país durante veinticuatro horas, con el objetivo de impedir una movilización masiva. “Las manifestaciones del viernes parecen ser las más importantes de las diez semanas de la sublevación –señalaba un corresponsal de la agencia Associated Press (que se encontraba en Beirut)–. Se reúnen personas en gran número en algunas ciudades y pueblos que antes no habían conocido esa participación. También se reunieron manifestantes en varias zonas periféricas de Damasco, además del cuartel general de la Midan (7) donde se realizaron manifestaciones estas últimas semanas” (8). Proliferación de las manifestaciones y aumento de su dispersión espacial: el mismo escenario que en el caso egipcio. ¿Debe concluirse que la censura de Twitter sería más revolucionaria que Twitter?
1. Entrevista en CNN, 11-2-11. 2. Navid Hassanpour, “Media Disruption Exacerbates Revolutionary Unrest: Evidence from Mubarak’s Natural Experiment”, presentado en el encuentro de la Asociación Estadounidense de Ciencia Política (APSA, en inglés), en 2011. 3. The Lede Blog, 11-2-11 (http://thelede.blogs.nytimes.com). 4. The New York Times, 18-11-09. 5. The Washington Post, 1-11-09. 6. En todos los casos, los subrayados son del autor. 7. “Midan” significa “plaza” en árabe, en persa y en ucraniano. 8. “Syria troops kill 34 during massive protest”, Associated Press, 3-6-11.
*Doctorando en Ciencia Política en la Universidad de Yale, Estados Unidos.