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Edición Nro 153 - Marzo de 2012


Evo Morales y el vicepresidente Álvaro García Linera, antes del partido de fútbol (Noah Friedman-Rudovsky)

Entrevista a fondo con Evo Morales

“Los servicios básicos deben ser del Estado”

Por Martín Sivak*

El diálogo con el Dipló comenzó en un espeto corrido de Buenos Aires y continuó en La Paz y Sucre. El presidente boliviano explica sus últimas decisiones de gobierno, defiende su posición frente a las rebeliones árabes y cuestiona el ajuste que se aplica en Europa.

n el mismo césped donde Bolivia le ganó seis a uno a Argentina, Evo Morales elonga los cuadriceps con un fondo de música de bandas militares. A sus pies, una de las cuatro tribunas del estadio Hernando Siles presenta asistencia perfecta: separados por división y por las gamas de sus uniformes, jóvenes aspirantes a las Fuerzas Armadas cantan, hacen la ola y dan aliento al Presidente. El público es un regalo sorpresa del nuevo comandante de las Fuerzas Armadas, general Tito Gandarillas, un aliado con poder creciente en el gobierno. El equipo de la Presidencia –donde prevalecen los custodios de Morales– se enfrentará al del vicepresidente, Álvaro García Linera. En la transición de cuadriceps a gemelos isquiotibiales, Morales se pregunta si la reciente paridad entre las selecciones mayores de Bolivia y Argentina (después del 6 a 1 hubo dos empates en partidos librados al nivel del mar) tiene una explicación psicológica o deportiva. El árbitro se demora, las bandas callan y el Presidente acepta una pregunta anticlimática.
—Las revoluciones latinoamericanas del siglo XX han tenido momentos épicos iniciales, pero al cabo de una cantidad de años se instalan en una suerte de amesetamiento. ¿Su gobierno, al que ha presentado como una revolución democrática y cultural, insistirá con los temas iniciales –nacionalizaciones, nueva Constitución– o busca una nueva agenda?
—Hay tres nuevos temas para esta etapa. Valores: la autoridad que no roba, no miente y no es floja será siempre respetada (lo dice en aymara). Eso es cultural. Estamos convirtiendo la política en un sacrificio, no un beneficio. Si eso se mantiene, no sólo por parte del MAS (Movimiento al Socialismo) sino de cualquier partido, será muy bien visto. Segundo tema: que no se privaticen los recursos naturales. Tercero: que los servicios básicos sean derechos humanos. Esa es la nueva agenda para este tiempo.
Morales contestará las preguntas de el Dipló sobre su gobierno, sobre las relaciones de Bolivia con el mundo y sobre la crisis económica internacional en Buenos Aires, La Paz y Sucre, en distintos salones del Palacio Quemado (la Casa de Gobierno), de pie en pasillos, entre dos reuniones y semiacostado en el avión presidencial. Aceptará además dos conversaciones frente a frente.
Si en su primer mandato (2006-2010), Morales enfrentó el poderoso desafío a su legitimidad que vino de las élites del Oriente boliviano, la segunda presidencia ha encontrado resistencias en su propia base social, una alianza de sindicatos, organizaciones indígenas y de colonos, diversas formaciones campesinas y aun clases medias urbanas, decisivas en su equilibrio inestable para lograr el 64% de los votos obtenidos en su reelección. Desde entonces, Morales rompió con el independiente Movimiento sin Miedo, aliado político clave en los sectores medios y gobierno municipal en La Paz; para evitar el contrabando, anunció un corte de los subsidios a los combustibles, que debió suspender por el rechazo al aumento de los precios de la nafta (el “gasolinazo”); organizó la primera elección latinoamericana por voto popular de jueces y magistrados, una experiencia que arrojó un empate entre impugnados y positivos. Por último, la construcción de la carretera Villa Tunari-San Antonio de Moxos generó el rechazo de organizaciones de pueblos originarios del Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS), que esgrimieron argumentos ambientalistas y cuestionaron el avasallamiento estatal. En una marcha de 64 días, estas organizaciones multiplicaron sus apoyos –especialmente después de la represión policial en Yucumbo– y llegaron victoriosas a La Paz, donde provocaron la mayor crisis de la segunda presidencia. El Presidente sugirió un referéndum para resolver el tema, rechazado por las organizaciones indígenas. Su popularidad bajó al 35%, un buen número para el promedio histórico de los presidentes democráticos que lo precedieron y para sus débiles opositores actuales, pero lejos de sus performances electorales.
Han surgido grietas internas. Antonio Peredo, ex senador y compañero de fórmula presidencial de Morales en 2002, escribió que el proceso de cambio se ha detenido. El ex viceministro Rafael Puente ha hablado de “la maldición del 64 por ciento”. Un grupo de dirigentes y ex funcionarios, como el ex viceministro de Tierras Alejandro Almaraz y el ex embajador ante la Casa Blanca Gustavo Guzmán, distribuyó el “Manifiesto por la recuperación del proceso de cambio para el pueblo y con el pueblo”, y luego difundió el libro La mascarada del poder (Respuesta a Álvaro García Linera), muy crítico del gobierno nacional y en particular de la figura del vicepresidente. García Linera contestó el manifiesto en su Onegismo, enfermedad infantil del comunismo, una versión revisitada del clásico de Lenin en el que buscó demostrar –sin demasiado éxito– que el grupo disidente representa a un conglomerado de ONG que históricamente han manipulado a los movimientos sociales ya que “crearon una relación prebendal y de neocolonización mental hacia diversas organizaciones sociales”. García Linera, además, blandió un argumento peligroso: las críticas a la gestión son racistas, porque ésta ha quedado en manos de dirigentes campesinos e indígenas. Casi desde el comienzo el oficialismo ha tenido dificultades para administrar el disenso y el debate interno.
Hacia fuera, el proceso de cambio se sostiene en el impulso transformador del primer mandato y en los indicadores sociales y económicos. La pobreza y la desigualdad bajaron gracias a las nacionalizaciones, los programas sociales y los precios internacionales de los commodities, y el consumo aumentó en un contexto de estabilidad y crecimiento. Contra los pronósticos de los analistas bolivianos que anticiparon diluvios universales, la crisis económica mundial afectó poco a la economía del país. Morales tiene una explicación: “Ya no dependemos de los mercados europeos y norteamericanos y tenemos un Estado más fuerte. El Consenso de Washington y todas las políticas que proclamaron la primacía de los mercados y el sector privado han fracasado rotundamente. Y es un gravísimo error que las sigan aplicando para resolver la crisis financiera, porque sólo la empeorarán”.

Rumbo al Palacio Quemado

En un espeto corrido de Puerto Madero, Buenos Aires, la noche anterior a la reasunción de Cristina Fernández de Kirchner en diciembre de 2011, Morales probó 12 cortes de carne y los acompañó, primero, con ensaladas de tomate y cebolla y, después, con cebolla sola con lluvia de sal. Se dejó fotografiar con hombres con camisas brillantes y pechos descubiertos y un legislador. Con el gran piletón de Puerto Madero de fondo, recordó a la pequeña audiencia que lo escuchaba que él popularizó la sopa de pescado en el Chapare, la zona subtropical que lo fogueó como dirigente sindical cocalero. El agua estimula las asociaciones libres.
Lo acompañaban la embajadora de Bolivia en Argentina, Leonor Arauco, y también Nardi Suxo Iturri, ministra de Transparencia Institucional y Lucha contra la Corrupción. Morales contó que a la ministra le temen dentro y fuera del gobierno y que ya recuperó para el Estado 100 millones de dólares. La hija de la ministra debió irse de Bolivia por las amenazas. “Vamos a nacionalizar este lugar”, le anunció al encargado del restaurante de espeto corrido, que no supo si reírse, alertar al dueño u ofrecer una bebida de gentileza. Devolvió un gesto de asombro.
Al día siguiente, la entrevista con el Dipló pautada para las 5.30 de la mañana debió suspenderse por una razón de fuerza mayor: poco acostumbrado a ingerir tanta carne después de las 12 de la noche, el Presidente se había empachado.“Jefe, no sabés la diarrea que tuve por esa parrillada”, recordó un mes y medio después, en el hall central del Palacio Quemado, luego de haber cambiado medio gabinete. Para Morales, las diarreas son diarreas.
Lo rodeaban siete nuevos ministras y ministros designados con el fin de mejorar la gestión y la eficiencia administrativa. Morales suspendió el “fifty&fifty” que ostentaba como criterio la igualdad de género. Uno de los temas pendientes es optimizar el rendimiento de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) y otras empresas estatales clave que no han podido acelerar el proceso de industrialización de los recursos naturales. Bolivia sigue siendo una economía extractiva, donde la ausencia del valor agregado limita los beneficios de las nacionalizaciones.
El día anterior al cambio de gabinete, Morales expuso durante tres horas un informe de gobierno ante la Asamblea Legislativa Plurinacional. Con la actuación de bandas musicales y un largo desfile donde despuntaron las formaciones militares, celebró seis años de su asunción presidencial y dos del nacimiento del Estado Plurinacional.
En el salón dorado del tercer piso, entre reuniones con los flamantes ministros, Morales contestó algunas preguntas. Nadie lo acompañaba.
—Usted acaba de hacer un balance de la gestión y me gustaría conocer su autocrítica en los dos temas más conflictivos de su segunda presidencia: el proyecto de carretera en el TIPNIS y el gasolinazo. En ambos casos, el repudio que generó la medida lo obligó a suspender la decisión.
—Ninguno de esos dos temas ha sido un error. El pueblo lo sabe perfectamente. La derecha boliviana y la Embajada de Estados Unidos aprovecharon el caso TIPNIS para hacer una agresión. El objetivo era sacar al Evo. La gente que quiere el camino ahora marcha por el camino (la marcha llegó a La Paz el 29 de enero). No es una política equivocada impulsar ese camino por los grandes beneficios que traerá al país. Lo mismo con la gasolina. Tarde o temprano hay que acabar con la subvención a la gasolina. Mantenerla sería un problema serio para el país. Los dos temas deben resolverse con la participación del pueblo. Hay que hacer un referéndum por el tema del camino. Que la gente decida si quiere o no quiere el camino.
—¿La única opción es el camino como está trazado, por el medio del parque, o también deberían contemplarse las otras propuestas? Uno de los argumentos de los marchistas es que deberían considerarse trazados que afecten menos el medio ambiente.
—No hay alternativa al camino. Hay un solo camino. Es la moda de la Medialuna indígena (la Medialuna es la figura que dibujan en el mapa boliviano los cuatro departamentos del Oriente que reclamaron autonomía durante la primera presidencia del MAS) que quiere sacar a Evo Morales so pretexto de defender los derechos de la Madre Tierra. Y a la cabeza, la Embajada de los Estados Unidos. También se mete la prensa de derecha y la derecha. Ahora la marcha de los que están a favor no tiene prensa.
—Usted ha dicho que lo querían tumbar y como prueba señaló los gritos de “¡Villarroel, Villarroel!” que se escucharon en la Plaza Murillo en la marcha contra la carretera. (En 1946, el presidente Gualberto Villarroel fue mutilado y su cadáver colgado en la plaza.) Pero funcionarios de su gobierno y también marchistas me dijeron que fueron expresiones aisladas.
— El objetivo de la marcha era tumbar y sacar a Evo Morales. Desde antes del 15 de agosto. Y no eran sólo jóvenes de izquierda. Era también el MSM (Movimiento sin Miedo, ex aliado de Morales) y la derecha.
— La represión policial en Yucumbo tuvo un alto impacto y sumó nuevos adherentes a la marcha. Usted criticó la actuación de la policía. Pero hay un tema de fondo que tiene que ver con su gobierno y con otros gobiernos de América del Sur, como el de Ecuador, que es la dificultad para controlar a la policía en todo sentido, y en particular en los conflictos en la calle. Usted ha acentuado su alianza con el ejército y el conflicto con la policía. ¿Cómo piensa reformarla?
—Con las nuevas generaciones. Lamentablemente una parte de la policía estaba ligada a doctrinas e intereses ajenos y recibían prebendas de la Embajada (de Estados Unidos). Antes la Embajada tenía todo el poder por sobre la policía. Ahora, por lo menos, les da vergüenza acercarse a la Embajada. Por tanto, es un proceso largo y tengo confianza en oficiales actuales y las nuevas generaciones que tengan valores de dignidad y soberanía.
La charla se mudó a su despacho privado, que sólo usa para ciertas conversaciones telefónicas. Tiene dos computadoras, un equipo de música, tres sillones de cuero negro y, desde luego, varios teléfonos. Una puerta entreabierta permite ver la habitación con cama iluminada con luz artificial donde duerme siestas cortas o mira la televisión. En una mesa con adornos, bajo dos acuarelas de grandes militares de la independencia nacional (Simón Bolívar y Antonio José de Sucre) y un cuadro con un collage menos solemne que dice “Coca no es cocaína”, sobresale la versión en miniatura del satélite Tupak Katari (el líder de la gran insurrección indígena de 1781), un proyecto de cooperación con China que proveerá internet a las escuelas rurales bolivianas. A su lado, un Morales en miniatura, como un ekeko aymara, y una escultura de madera de Ernesto Che Guevara que evoca al guerrillero y a El pensador de Rodin.
El general responsable de la Casa Militar pidió permiso para informarle sobre el recorrido de una gira del fin de semana. El Presidente cambió el itinerario: sugirió una avioneta y después 20 minutos en auto para evitar tres horas en helicóptero. Llamó a la ministra de Autonomías para preguntarle por las distancias y luego confirmó su decisión. El jefe de la Casa Militar le preguntó por las autorizaciones para entrar a la Plaza Murillo que pidieron un par de organizaciones (una dedicada a la promoción del libro y otra al carnaval). El Presidente vetó la segunda, pero pidió que se ponga al tanto al ministro de la Presidencia.
—Se prevé un aumento de la conflictividad social porque organizaciones que apoyaban a su gobierno, como la Central Obrera Boliviana (COB), la Confederación de Pueblos Indígenas de Bolivia (CIDOB, clave en la marcha del TIPNIS) y otras ahora son críticas. ¿Cómo piensa recuperar el apoyo?
— Son grupos que no piensan en el país sino en su sector. El tema de la COB es el tema salario. Quieren demasiado sin medir la economía nacional. Los conflictos ahora son interdepartamentales, son intermunicipales. El problema de Potosí-Oruro, Tarija, Chuquisaca. (Se refiere a conflictos de esa semana que reflejan todos un mismo patrón: las tensiones entre departamentos y municipios por las regalías de los recursos naturales.)
—En su gobierno aparece una tensión entre la línea industrialista-extractivista y la de defensa de la Madre Tierra. ¿Es posible conciliar estas dos posiciones tomando en cuenta lo que sucedió con el TIPNIS?
—Extractivismo sin darle valor agregado sólo provocará que Bolivia siga siendo dependiente como ha sido los últimos 500 años. Si desde el primer momento de la fundación de la República se hubiera dado valor agregado a los minerales, Bolivia no estaría esperando créditos ni inversión ni inversionistas ni cooperación. Bolivia tendría otro lugar en el mundo. Nosotros queremos darle ese valor agregado cuidando los derechos de la Madre Tierra. Y queremos darles ese valor agregado a la minería y a todos los recursos naturales. Tenemos que darles valor agregado para terminar con la dependencia.

En las nubes de Sucre

A las 6 de la mañana siguiente lo esperaban, en el Salón de los Espejos del Palacio Quemado, los diputados oficialistas de la Asamblea Plurinacional en una reunión para definir las prioridades del ciclo legislativo 2012 y elegir las autoridades de las comisiones parlamentarias. Mozos trajeados sirvieron api caliente (una bebida a base de maíz morado, canela y agua) y tortas fritas. Entre los temas parlamentarios, Morales coló la agenda política que suele repetir en los actos públicos. Les habló del problema de las pegas (pedidos de cargos), de sus esfuerzos para contener a algunos grupos campesinos y de los problemas de la batalla mediática que cree perder con los medios de derecha. “El gran problema que tenemos es el pedido de pegas. Esa mentalidad. Ahora me toca a mí. Una compañera me llamó a las 4.30 de la mañana. Me dijo que ella había trabajado en la campaña del 2002 y que no tenía pega. El campesino no tiene la mentalidad del sueldo, que es muy propia de la clase media. En el movimiento campesino no existía eso… Hace poco he ido a un pueblo donde un platudo tenía 60 o 70 motos que las alquilaba y los choferes muchas veces no podían cubrir lo que les cobraba por día. Eso es usura. Compraremos 1.000 motos. Voy a los pueblos para saber bien qué pasa y tomo decisiones así. Sé que a algunos no les gusta, pero es la única manera que conozco”.
La mayoría de los legisladores lo escuchaban, dos dormían y un tercero decidió volver al colegio secundario. Tocó la cabeza de todos los compañeros sentados delante suyo, pellizcó a uno de los que roncaban y cuando habló el único afroboliviano dijo en voz baja: “No se ve nada, ¿quién está hablando?”. Pocos se rieron.
El Presidente salió en caravana rumbo al aeropuerto de El Alto para llegar al aniversario de Incahuasi, un pueblo potosino. Primero voló a Sucre en su flamante 01, un avión Falcon francés que reemplazó al precario avión presidencial boliviano para los viajes internos y a las naves que el gobierno venezolano le prestaba para las giras internacionales. Construida entre cerros y nubes bajas, la pista del aeropuerto de Sucre debería tener 4 kilómetros en vez de 2,7. Muchos vuelos comerciales deben dejar pasajeros para poder despegar.
Las metáforas aerocomerciales ayudaron a los comunicadores del gobierno a preparar un spot televisivo muy difundido en cadenas públicas y privadas sobre la relación del país con las crisis financieras internacionales. Allí se ve a un avión piloteado por un comandante con rasgos atribuibles al presidente Morales que atraviesa varios temporales sin pasajeros ni copilotos. Mientras el 01 real aterrizaba, Morales se refería al spot.
—¿Por qué cree que hasta el momento esa crisis no ha llegado a Bolivia?
—En la década del 80 Bolivia dependía del precio del estaño y del mercado norteamericano. Esa dependencia hizo que Estados Unidos presionara a un presidente de izquierdas. (Se refiere al gobierno de la Unidad Democrática y Popular de Hernán Siles Suazo.) En realidad, lo derrocaron por razones económicas.
—Pero en 1985 hubo una hiperinflación del 20.000 por ciento y una muy inestable alianza política.
—Para mí ese derrocamiento duró por 20 años, que fueron los 20 años del neoliberalismo. Eso nos hizo pensar en cómo deberíamos tratar de evitar que nos asfixiaran de la misma manera. En el 2008 nos ha pasado algo que tiene que ver con esto: por la crisis financiera de Estados Unidos, Brasil se vio afectado y compró menos gas a Bolivia. Por eso nos hemos replanteado las prioridades. Primero tenemos que garantizar el mercado interno, ampliarlo, con gas domiciliario y con GDB. Además, ampliar el mercado a Argentina, no solo a Brasil. Un segundo tema es la ATPDEA. (La preferencia arancelaria que Estados Unidos otorgaba a Bolivia a cambio de colaboración en la lucha contra el narcotráfico, que se cortó cuando Morales expulsó al embajador Philip Goldberg acusándolo de conspirar contra la democracia.)
—Su gobierno pidió la extensión de la ATPDEA.
—Si nosotros hubiésemos recibido esa ayuda, la habrían cortado como parte de los recortes por la crisis internacional. Eso habría afectado mucho a los textileros, obreros que dependían de la exportación a Estados Unidos. Lo que hemos hecho es reemplazar ese mercado teniendo como prioridad la exportación de esos productos a Venezuela, Argentina y Brasil. Es un mercado seguro. Siempre se tarda, pero es mejor. Pero eso no nos afecta. Tenemos mercado en Europa y Estados Unidos, pero no debemos depender sólo de ellos. Por eso debemos practicar políticas de comercio de complementariedad y solidaridad, como hacemos con Venezuela y Argentina. Estoy planteando la regionalización del mercado. La complementariedad es clave. Bolivia no tiene las industrias de Brasil y Argentina. Yo prefiero comprarles aviones a Brasil y radares a Argentina o tractores a cualquier otro país de la región. Y que ellos nos compren nuestros textiles o el gas; nos complementamos, tiene que ser sin chantaje. Debemos trabajar sobre la complementariedad para depender menos del mercado europeo o norteamericano.
En la pista de aterrizaje lo esperaba un helicóptero Puma de la Fuerza Aérea Boliviana, reemplazante de los Superpumas provistos por el gobierno venezolano. El piloto le informó que deberían esperar por el mal tiempo y que no podría viajar con acompañante porque saldría cargado de combustible. Después de un besamanos a una docena de oficiales, Morales entró al VIP del aeropuerto, donde una mujer de pollera lo abrazó y le sirvió tojorí (una bebida hecha a base de maíz morado). Un coronel le contó sobre una institución militar a la que pueden asistir niños de 13 años con autorización de sus padres. Otro oficial le mostró fotos de un cerro. Hablaron del flojo partido de Ronaldinho en Potosí, de la chicha de Cliza, de geografía boliviana. A un coronel de Vallegrande le contó que una vez visitó el pueblo y que cuando paró a comer charque (carne disecada) unos borrachitos lo desafiaron a jugar al sapo. Imitó su técnica –era la primera vez que jugaba– y les pudo hacer trampa gracias a las distracciones que suele ocasionar el chuflay (un cóctel de gaseosa con singani, una suerte de brandy de uva). Hablaron del carnaval. Le preguntaron dónde iría. Dijo que a El Alto. Un coronel de la Fuerza Aérea le contestó que siempre se empieza por El Alto y no se sabe dónde se termina. “Yo voy donde se dejen querer”, avisó.
Morales visitó Incahuasi en dos horas, más dos y media de viaje en helicóptero. En el vuelo de regreso a La Paz, reclinado en el asiento de cuerina blanca, monitoreó con su celular y el teléfono del avión las negociaciones entre su ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana, y las autoridades de Tarija y Chuquisaca que se disputan el campo petrolífero Margarita. Las pantallas del Falcon mostraban el recorrido de 36 minutos y las imágenes de la trompa del avión en pleno vuelo. Morales aceptó las últimas preguntas.
—¿Qué debería aprender esta Europa en crisis de los gobiernos de izquierda de América Latina?
—A mí no me gustaría hablar de los otros gobiernos. Puedo hablar de nuestro gobierno. Europa debería aprender que los servicios básicos son derechos humanos. Agua, en especial, también luz, teléfonos. No puede ser un negocio privado. Debería acabar o reducir el consumismo. Debería haber políticas de racionalidad. Habría que reducir las asimetrías. En Estados Unidos, el gobierno debería trabajar mucho más por reducir la pobreza, especialmente de los inmigrantes. En Bolivia, la presencia del Estado en la economía rondaba el 7% en 2005 cuando ganamos la primera elección presidencial, este año ya está en 23 o 24 %. El Estado tiene que controlar la economía nacional. El Consenso de Washington y todas las políticas que proclamaron la primacía de los mercados y el sector privado han fracasado rotundamente. Y es un gravísimo error que se sigan aplicando esas recetas en la crisis europea: sólo la empeorarán. En este contexto, yo sugiero que los movimientos sociales del mundo entero deberían trabajar en una nueva tesis política. Esta crisis mundial es una gran oportunidad para eso.
—¿En qué consistiría esa tesis y cómo complementaría dos perspectivas tan distintas como la corriente anti estatal que suscribe a la idea de cambiar el mundo sin tomar el poder y otra que, como en el caso de su gobierno, ha apostado a una transformación a través del Estado?
—Creo que esta tesis puede ser universal. Pasar de la democracia representativa a la participativa. Mandar obedeciendo al pueblo. Los servicios básicos deben ser del Estado, no privados. Los recursos naturales: Estados que tengan socios y no patrones. En lo financiero, hay que acabar con los usureros internacionales. Los créditos no puede ser que se usen para alimentar a una burocracia. Además, debemos cambiar la mentalidad de algunos partidos izquierdistas que sólo piensan en vivir en armonía con el ser humano, de la vida y no de la Madre Tierra. Nosotros queremos recuperar esa armonía. El hombre no puede vivir sin la tierra. Es nuestra obligación defender los derechos de la Madre Tierra. Mi tesis es también un mundo sin oligarquías, sin jerarquías ni monarquías. Estas son bases para una tesis política.
—¿Cómo integraría a su tesis a las llamadas rebeliones árabes? Usted elogió en reiteradas ocasiones el gobierno de Gadafi y su liderazgo antiimperialista, y su gobierno, junto a los miembros del ALBA, defienden al régimen sirio de Bashar al-Assad. Lo mismo con el Presidente iraní.
—Algunas rebeliones son muy justas. Nosotros, desde el principio, hemos manifestado nuestro apoyo al pueblo palestino y sus reivindicaciones. Otras de esas rebeliones son impulsadas por el capitalismo. En Libia el problema no era Gadafi, sino el petróleo de Gadafi. Algunas crisis del capitalismo las quieren resolver con intervenciones militares, masacres y matando a un líder antiimperialista, aunque después ha tenido problemas, lo que quieren hacer es repartirse el petróleo.
—Pero Presidente, Gadafi no seguía casi ninguno de los puntos de su tesis política. Además, la familia Gadafi…
—(Interrumpe.) Lamentablemente algunos líderes dan razones para las intervenciones. Hay un problema de fondo que veo en muchos líderes: creen que el poder es para disfrutarlo. El poder no es para disfrutarlo.
—Su gobierno acaba de firmar un acuerdo macro con Estados Unidos para buscar un punto de equilibrio en las relaciones y otro con Brasil y Estados Unidos en relación a la lucha contra el narcotráfico. Después de la expulsión del embajador estadounidense en septiembre de 2008 y lo que llamó la “bolivianización” de las relaciones bilaterales, ¿cuál sería el siguiente paso?
—Nosotros queremos que las relaciones mejoren, que sean de respeto mutuo. Con este acuerdo macro defendemos soberanía y dignidad. No habrá ningún norteamericano pisoteando las leyes bolivianas.
—¿La reposición de embajadores es inminente?
—Quisiéramos. Es deseable. Pero eso no será decisivo.
—Usted plantea una complementariedad regional, pero al mismo tiempo no desconoce las asimetrías entre los vecinos. Incluso, alguna vez cuestionó la presencia de Argentina y Brasil en el G-20.
—Yo tengo serios cuestionamientos a la estructura de las Naciones Unidas. ¿Qué Consejo de Seguridad? Es un consejo de inseguridad. No se respetan las decisiones de las Naciones Unidas. Deberían terminar con ese Consejo. Habría que cambiar. Esos tratados que se usan para masacrar. Por tanto esas representaciones, las de Brasil y las de Argentina, pueden ser saludables y deseables. Pero esos grupos no aportan soluciones para la vida ni para el mundo. Lamento mucho que no haya democracia en las Naciones Unidas.
Intentó dormir antes de aterrizar, pero se distrajo. Habló de su cansancio (en seis años no se ha tomado vacaciones) y de lo mal que jugó los últimos tres partidos de fútbol, especialmente en el estadio Siles. También de la necesidad de consultar a un nutricionista que le indique qué comer: dice que hace vida de deportista, pero se alimenta mal. Volvió la señal de su celular. En la pantalla la noticia del día: Santos Ramírez, ex presidente de YPFB y ex presidente del Senado, recibió una condena de 12 años de prisión por recibir una coima cuando estaba al frente de la petrolera estatal. Desde que se hizo público el caso en enero de 2009, Ramírez estuvo en prisión y no recibió ninguna ayuda del Presidente. Morales cortó los segundos de silencio, como si hubiese pensando una frase para decir en público: “En Bolivia los corruptos, aunque hayan sido importantes funcionarios de este gobierno, van a la cárcel directo y ahí se quedan. ¿Pasa en muchos sitios?”.

* Periodista. Su último libro Jefazo. Retrato Íntimo de Evo Morales (Debate, 2008) ha sido traducido al inglés, francés e italiano.


© Le Monde diplomatique, edición Cono Sur


 
 
 
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