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Edición Nro 213 - Marzo de 2017

Aciertos, errores y desafíos de la Revolución Ciudadana

Ecuador, la batalla decisiva

Por Ignacio Ramonet*

Por un escaso margen, el candidato de Alianza País, Lenín Moreno, no ganó la elección presidencial en primera vuelta. En abril deberá enfrentar al candidato de derecha Guillermo Lasso en una contienda que señalará la continuidad o el fin del ciclo progresista en América Latina.

Caminante, no hay camino: se hace camino al andar...”. Los versos de Antonio Machado, convertidos en letra de canción por Joan Manuel Serrat, resuenan en el anochecer quiteño en el populoso y modesto barrio de La Michelena, en el sur de la capital de Ecuador, donde miles de ciudadanos han venido a escuchar el discurso de cierre de campaña de Lenín Moreno, el candidato del partido gobernante Alianza País. Va cayendo la noche, hace frío y hay humedad, y también, para los que venimos de afuera (Quito está situada a unos 2.500 metros de altitud) pega fuerte el mal de altura.

Muchas personas aprovechan el reparto masivo de material de propaganda –camisetas, bufandas, chaquetones, gorras– de luminoso color verde tilo para arroparse mejor. La tarima principal, perpendicularmente prolongada por una suerte de pasarela que penetra profundamente en medio de la muchedumbre, está montada en la boca de una larga y ancha avenida bien iluminada que ha ido, poco a poco, llenándose de gente variopinta.

Hay pantallas gigantes, altavoces ultrapotentes y una orquesta y sus cantantes que intentan calentar el ambiente con clásicos revolucionarios (“El pueblo, unido, jamás será vencido”, “Hasta siempre, Comandante”, “Bella Ciao”, “No nos moverán”, “Cómo será la patria”). El público, andino, escucha con calma, agita lentamente banderas verdes y rojinegras, muy poco expresivo, excepto por unas niñas en un balcón cercano que gritan “¡Le-nín pre-si-den-te!”, y no cesarán de gritarlo, entre risas y carcajadas, durante las dos horas del acto...

Interviene primero Gabriela Rivadeneira, la joven presidenta de la Asamblea Nacional, oradora fuera de serie, que consigue sacar a la audiencia militante de su silenciosa pasividad. Ni siquiera hace alusión al atentado del que ha sido víctima ese mismo día cuando consiguió evitar que un paquete bomba, enviado a su nombre, le estallara en las manos... Habla después José “Pepe” Serrano, abogado, ministro del Interior, muy cercano a Lenín Moreno, y que, según toda probabilidad, será el próximo presidente de la Asamblea, también con gran energía y entusiasmo.

A escasos días del escrutinio, los dos oradores insisten en el neto contraste entre las propuestas “regresivas”, “involucionistas” de los principales candidatos de la oposición –el ultraliberal ex banquero opus dei Guillermo Lasso, de CREO, y la conservadora Cynthia Viteri, del Partido Social Cristiano (PSC)– y los avances indiscutibles de la “década ganada”, o sea, los diez años de gobierno del presidente Rafael Correa, quien no se presenta y aspira, por razones personales y familiares, a un “descanso sabático” que desea pasar en Bélgica, país de nacimiento de su esposa y donde cursó una parte de sus estudios.

En aquel momento, la mayoría de los sondeos y de las encuestas preveían para el candidato de Alianza País, Lenín Moreno, que los resultados lo obligarían a ir a una segunda vuelta (1). Por eso, todos cantan y repiten como un mantra el mismo eslogan: “¡Un-a so-la vuel-ta!”.

Bajar la intesidad

En medio de esos cantos y esos gritos, avanza entonces por la pasarela, en su silla de ruedas, Lenín Moreno. Víctima de una agresión armada en 1998, sufre una parálisis en las piernas porque una bala le alcanzó la médula espinal. Pero es un hombre muy positivo, ejemplo de voluntad y de resiliencia, y autor de una serie de libros de humor. Lenín encarna una corriente que apuesta por la necesidad de moderar el tono de la confrontación con la oposición y favorecer un mejor entendimiento con diversos estamentos sociales que se han ido alejando de la Revolución Ciudadana, sin cambiar sustancialmente el marco económico que se ha practicado hasta ahora (alianza del sector público con el sector privado). No es un orador revolucionario y mucho menos un demagogo. Apuesta por la inteligencia del auditorio. Habla con tono natural y narra su programa de gobierno casi como un conferenciante. La gente –unas diez mil personas– escucha con tal silencio y atención que uno se pregunta si está realmente en un acto electoral de masas. No hay estremecimientos, ni entusiasmos, ni pasiones...

¡Qué contraste con el verbo encendido de Rafael Correa! Pero quizás es el efecto deseado por Lenín Moreno: rebajar el exceso de ideología del discurso de la izquierda ecuatoriana. Dirigirse, más allá de la base dura militante, a los ciudadanos en general y, en particular, a las clases medias que, al cabo de diez años de correísmo, dan señales de estar saturadas de eslóganes políticos y muestran deseos de cambio. Todos recuerdan aquí la inesperada derrota en las alcaldías de las principales ciudades del país en las elecciones municipales de 2014 y, en particular en la de Quito, en cuya campaña se implicó muy directamente el propio presidente Correa, y sufrió por consiguiente, en cierta medida, un fracaso personal. O los polémicos proyectos de ley “de herencia y plusvalía” que, hábilmente manipulados por la oposición, desencadenaron en 2015 violentas y masivas protestas contra el Gobierno en todo el territorio nacional. A tal punto que Rafael Correa se vio obligado a retirarlos temporalmente. Todo eso, sumado a algunas catástrofes climáticas y al terrible terremoto que, en abril de 2016, afectó a la costa norte del país, más los efectos devastadores de la crisis provocada, estos últimos tres años, por el derrumbe de los precios del petróleo y de otras exportaciones (2) han frenado el crecimiento ecuatoriano y degradado bruscamente la atmósfera electoral.

Los triunfos

Sin embargo, los logros de la Revolución Ciudadana y los éxitos de Rafael Correa como gobernante son espectaculares, en particular en materia de obras públicas de infraestructura: carreteras, puentes, túneles, aeropuertos, etc. En este país de 14 millones de habitantes disminuyó, en el curso de esta “década ganada”, en un 6% la pobreza y casi dos millones de ecuatorianos salieron de la miseria. La clase media pasó del 29% al 47% de la población. Un cuarto de millón de niños dejó de trabajar e integró el sistema educativo. Hay más de un millón doscientos mil nuevos estudiantes. Medio millón de personas mayores disfrutan de nuevas pensiones. El número de atenciones médicas pasó de 16 millones a 30 millones anuales. En materia de atención a los discapacitados, Ecuador posee un récord mundial: hace una década, sólo trabajaban 1.039 discapacitados; ahora lo hacen más de 80.000, con todos los derechos que les corresponden, y 70.000 de ellos estudian. Las pensiones por discapacidad cubrían sólo a 5.039 personas; hoy protegen a más de 126.000. El Gobierno entregó más de 300.000 viviendas de ayuda social. En materia de ecología, el índice de energías renovables que consume Ecuador alcanzó el 95% del total. Y una gran parte de su deuda externa se recompró a un 30% de su valor...

Pero los electores no siempre son agradecidos. Sobre todo cuando campañas sucias de la oposición conservadora, conducidas a golpes de millones de dólares con participación de todos los “gurúes” conservadores de la propaganda electoral mundial, siembran el desconcierto inundando las redes sociales de noticias falsas, “informaciones virtuales” y posverdades.

El caso es que los resultados de la primera vuelta, el pasado 19 de febrero, no respondieron a las expectativas de la dirigencia de Alianza País. Ese sufragio se saldó, sin embargo, con tres victorias contundentes: la primera, Lenín Moreno ganó la consulta presidencial con el 39,33% de los votos, o sea, 11 puntos por delante del segundo, Guillermo Lasso, que obtuvo el 28,19%; la segunda, Alianza País consiguió mayoría absoluta en la Asamblea Nacional con 77 escaños de 137, y tercera, en el referéndum para prohibir a los funcionarios públicos poseer bienes o capitales en paraísos fiscales, el “sí”, defendido por el oficialismo, ganó por un 55% frente a un 45%. Pero, en un inexplicable error de comunicación, a pesar de estos tres triunfos, Alianza País transmitió el sentimiento de haber fracasado y de tenerle pánico a la segunda vuelta.

Ha comenzado otra elección, que se celebrará el próximo 2 de abril. El mundo entero va a estar atento a lo que aquí está en juego, a saber: si el ciclo progresista se termina en América Latina o si se consolida, como las recientes victorias de Tabaré Vázquez en Uruguay y de Daniel Ortega en Nicaragua lo dejan esperar. Desde su encierro en la embajada ecuatoriana de Londres, nuestro amigo Julian Assange sigue los debates con expectativa; el candidato de derecha ha prometido que, si gana, lo expulsará de allí y lo entregará a las autoridades suecas... En su confrontación contra un ex banquero corrupto (3), Lenín Moreno puede y debe ganar.

1. Según la ley electoral en Ecuador, gana la elección presidencial el candidato o candidata que obtiene más del 50% de los sufragios en la primera vuelta o más del 40% con 10 puntos de diferencia, por lo menos, con el segundo. Si no se da ninguna de estas condiciones, se va a una segunda vuelta en la que sólo participan los dos candidatos mejor situados.

2. Ecuador es uno de los mayores exportadores mundiales de camarón, plátano y flores.

3. “Guillermo Lasso es descendiente de una tradicional familia de poder en Ecuador; es el presidente ejecutivo del Banco Guayaquil y fue superministro de Economía y Energía en el Gobierno de Jamil Mahuad –quien lo había nombrado gobernador de la provincia del Guayas un año antes– entre agosto y septiembre de 1999, que inventó ese cargo para enfrentar la gravísima crisis financiera que vivía el país. Esa situación derivó en el famoso ‘feriado bancario’ de 1999, en el que se suspendieron las actividades financieras durante cinco días, se declaró la quiebra de varios bancos y se trasladaron todos los costos del rescate al Estado, que suprimió gastos sociales y congeló los depósitos de la población. Una crisis social de enormes dimensiones –que, a la larga, confluyó en la dolarización del sistema monetario ecuatoriano– provocada en buena medida por las políticas de liberalización y flexibilización que el mismo Lasso propone en su campaña”. Véase: “Crónica desde las calles del Ecuador en campaña”, por Federico Larsen, Nodal, Buenos Aires, 16-2-17.

* Director de Le Monde diplomatique, edición española.


© Le Monde diplomatique, edición española


 
 
 
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